Jesús es el Maestro de maestros en toda la historia universal. Además, es un ejemplo de renovación, pues como ser humano murió en la cruz denunciando a los amos del mundo y su poder político, económico y militar para resucitar por encima de las intenciones del mal desde la amorosa luz de un Cristo que con su sacrificio redimió a la humanidad.
El fruto de esta acción abrió las puertas hacia una nueva alianza con Dios, reforzando el camino de la fe basado en la experiencia íntima y personal que puede ser comprobada por la inteligencia racional, emocional y espiritual.
Cristo significa el Ungido, el Señor, el Maestro de la vida, el profeta y el salvador, pero, ante todo, el Hijo de Dios, fiel a su Padre quien es el centro de la vida. No podríamos entender a Jesús sin esta vivencia profunda del amor de Dios, la cual no necesita tantas explicaciones, ya que, Dios no es una teoría, sino una experiencia transformativa que, al tocar el corazón de las personas, las hace más auténticas, dignas y libres.
Jesús gestiona y aplica en su vida y en la de los demás, nuevas opciones para ser vividas por cada uno de nosotros desde el amor y la compasión. En su época, descubrió que la religión organizada tenía efectos transgresivos en la libertad de los pueblos.
Con este panorama, era casi imposible una relación sincera y espontánea con el Creador. Por eso, el nazareno hablaba en nombre de Dios para reprender y llamar a la reflexión a los dirigentes religiosos y gobernantes de aquel tiempo.
Jesús nunca nos haría daño ni nos condenaría a los fuegos eternos, pues “Él es el amigo que nunca falla” y lo más importante, nos enseña a amarnos a nosotros mismos para encontrar el auténtico sentido de la misión en nuestras vidas, que, en mi sentir, es el del servicio a los demás.
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Todo este esfuerzo, está orientado en la erradicación de los hábitos malsanos como la angustia y la preocupación por el futuro que son la causa de la mayoría de las enfermedades psicosomáticas y de otras actitudes que intoxican, bloquean, debilitan y confunden la mente humana.
Además, si seguimos su ejemplo proyectándolo en la mayoría de las acciones que efectuamos día a día, aprenderemos a valorar la salud integral con el fin de protegernos de la ignorancia y el fanatismo, orientando nuestra voluntad hacia el sentido de encontrar la inagotable fuente de consuelo y felicidad a la que tenemos derecho.
Jesús es el faro de paz para un mundo moderno lleno de oscuridad y temor. Está más allá de cualquier maestro, gurú, iniciado, mago o avatar, debido a que ninguno de ellos le fue otorgada su misión espiritual directamente por el Padre, ni tampoco fueron ascendidos en cuerpo y alma regresando de la muerte, como sí sucedió con el Mesías quien tuvo nacimiento, renacimiento y resurrección.