Por: Melody Beattie
1. Abandone las corrientes emotivamente aflictivas
Cierto día estaba paseando por un parque, cuando llegué a un arroyo. No lo había mirado de cerca. Decidí meterme en el agua y cruzarlo para llegar hasta la otra orilla. Cuando me fijé en él más detenidamente, me asusté y di media vuelta. La corriente era profunda y oscura. No tenia la menor gana de chapotear en ella.
La mayoría de los maestros actuales, y de otras épocas, - desde el Dalai Lama hasta Emmet Fox – están de acuerdo en una cosa: manténgase alejado de las corrientes emocionales llenas de aflicción y conflicto. Trate de evitarlas a toda costa.
Hay por ahí toda una legión de corrientes emotivas: codicia, envidia, negatividad, tristeza, venganza, resentimiento, arrogancia, victimización, dureza de corazón, amargura, control, odio y miedo paralizador, son algunas de ellas. Cuando caemos en una de esas corrientes emotivas, esa emoción tiñe todo cuanto hacemos.
Una corriente de aflicción es más que una emoción aislada. Es una posición, una postura, una actitud, una conducta que nos envenenara tanto a nosotros como a nuestra vida. Mire a su alrededor. Esté atento. No se descuide y termine cayendo en una corriente de aflicción. Si inadvertidamente ha resbalado en una de ellas, trate de salir inmediatamente.
El sentirse intranquilo, irritable y descontento es, definitivamente, estar en una de esas corrientes. Si se encuentra en una de ellas, trasládese rápidamente a la gratitud.
Dios, ayúdame a dejar ir mis emociones, antes de que tales sentimientos se conviertan en una forma de vida. Guía mi pensamiento y la perspectiva de mi vida. Mantenme alejado de esas corrientes aflictivas.
“Meditaciones para codependientes” en la voz del Terapeuta y Coach de Vida Armando Martí© (una adaptación de las frases reflexivas del libro “Meditaciones diarias” por Melody Beattie), para la sección Konciencia de KienyKe.com. Escúchalo, disfrútalo y compártelo:
2. Usted no es un superviviente
Hace muchos años le pregunté a un terapeuta colega en qué consistía ese estado de infelicidad al que tantos hemos dado en denominar codependencia.
- Se trata del triángulo dramático Karpman – me dijo -. Alguien intenta rescatar a otra persona de un defecto o un vicio, haciendo algo que no quiere hacer, o que no es asunto suyo el hacerlo. Después, al fracasar, se siente furioso y acosa a esa otra persona. Más tarde termina apartándose de ella, sintiéndose, al mismo tiempo, una víctima.
En ese momento se me hizo la luz. Como un ratoncillo que gira en su rueda, podía observarme también enredada en ese triángulo. Normalmente estaba siempre tratando de rescatar a alguien, después me enfurecía y, al final, me sentía victima de todos.
Estaba creando el sufrimiento y el dolor en mi vida. Había dejado de tratar de curar a los alcohólicos. Muchos de nosotros han abandonado esa dolorosa rueda. Sabemos que no es posible controlar la drogodependencia de otra persona, o su depresión, o sus problemas, o su vida.