Está por terminar este año 2023 la palabra que tengo como guía de reflexión es la de la gratitud. Por eso, hoy doy gracias a Dios porque en mis caminos, pruebas, confusiones y sufrimientos, siempre ha estado allí llenándolo todo con su amor incondicional, enseñándome a ver cada problema con la luz de la aceptación y la confianza en mí mismo.
¡Gracias! Es la primera exclamación del día y luego auto examinarme y con aceptación y humildad transformar mis defectos de carácter, es la segunda actitud para mantenerme centrado durante el día.
Comprendo que la felicidad humana contiene momentos integrales de gratitud y armonía, es decir, aprendí que al vivir de manera simple puedo valorar pequeñas cosas que en realidad son maravillosas basadas en el amor, pues al ser conscientes hacen que mi corazón y alma vibren de forma libre y espontánea.
Otro año que termina y llega a mi memoria las inolvidables palabras de mi muy querido amigo y consejero espiritual el padre Alfonso Llano Escobar, S.J. (1925-2020):
“Ante todo, me vuelvo a mi Dios para decirle: ¡Gracias, Dios mío!
Soy un anciano pleno y feliz. No siento tedio ni depresión, no me rondan la angustia ni la tristeza. Disfruto de la vida a todo pulmón (…)
Le ruego a una petición al buen Jesús por mi persona: ¡Señor, que el padre Llano acabe bien! Un naufragio a la vista del puerto sería fatal.
Quiero que se haga realidad la petición que tantas veces le he hecho al Señor: Señor que acabe bien.”
Y eso, también yo le pido a la existencia para el próximo año, que llegue a buen puerto a través de la serenidad y de esta bendita soledad que me ayudó a encontrar el dulce amor de valorarme y cuidar de mí mismo.
Preguntar y no adivinar es el camino
Las equivocaciones, los desaciertos, el dolor y las pérdidas de este año que termina, paradójicamente fueron los mejores regalos y maestros que forjaron a las personas más auténticas, adultas y trascendidas para descubrir de qué se trata la vida.
Querido lector, es tu derecho natural querer que el próximo año sea diferente y esto en verdad puede llegar a suceder en la medida que reformules creencias y paradigmas que te impedían un verdadero desarrollo interior.
Recuerda que la responsabilidad personal y social, la prudencia, la paciencia y la disciplina son los vectores para que este milagro suceda. Además, las exageradas expectativas son las que desbordan las emociones inmaduras contagiándonos de temor, ansiedad, ira, depresión y frustración.