Libro: Reflexiones para un Nuevo Camino, Editorial Solar
Los hijos son la prolongación de la vida, por eso debemos respetar su voluntad y libertad de elegir lo que ellos consideran más apropiado, según el mandato del corazón. Las historias que reposan en sus memorias evolutivas son más antiguas que las nuestras, pues están diseñadas para corregir las disfunciones, romper las cadenas intergeneracionales que existen en las familias y sanar a los padres.
De manera que, deben descubrir por ellos mismos el sentido de la vida y la misión en este planeta. Así pues, el desprendimiento emocional de la sombra autoritaria del padre y la adversa sobreprotección de la madre, es el inicio hacia la madurez espiritual. Como padres biológicos lo intuimos, pero el deseo de control nos impide actuar y pensar con honestidad y claridad.
Lo peor que se le puede hacer a un hijo, es convertirlo en la proyección del ego malsano, implantando en su mente la idea de una pugna con sus semejantes, para “alcanzar” el éxito económico y social, pues el camino más confuso y doloroso es el de la perfección. Recuerda que humano significa imperfecto, con algunas opciones de desarrollar un sobrio y tranquilo potencial personal. Dejar fluir es permitir sanar, ya que, la naturaleza en general no necesita de ninguna programación para crecer en armonía.
Una de las funciones principales de los padres es apoyar las experiencias de los hijos en sus ensayos y errores, sin imponerles lo que está bien o mal. Para empezar, reconoce que tú todavía no has descubierto quién eres y lo que en realidad quieres, y aun así pretendes ser el ejemplo a seguir. Si logras mirarte sin máscaras, miedos o prejuicios, descubrirás que también fuiste programado con exageradas expectativas de tus padres y que estás en un camino lleno de sobresfuerzos para lograr unas metas que quizás ni siquiera deseas para ti.
Los padres son el pasado y los hijos el futuro. Para amarlos auténticamente, primero ámate a ti mismo y deja de esconder tus defectos de carácter, rompiendo con la dinámica de condicionar el amor como un instrumento de premio o castigo. El padre sabio concede a sus hijos el derecho a explorar y experimentar, para encontrar el sendero hacia su verdadera esencia. Si quieres ser amigo de tus hijos, olvídate de las jerarquías, el corazón no necesita amenazas. La confianza nace cuando pueden mirarse a los ojos como iguales. No eres Dios y tampoco puedes ocupar ese lugar. Eso sería esclavizarlos emocionalmente.