Desde hace años, Gustavo Petro, actual presidente de Colombia, realiza toda clase de esfuerzos dialécticos para ser reconocido, dentro y fuera del país, como “la luz del mundo, no la pus”. Por ello día a día plantea temas que atraigan la atención por inesperados, polémicos y explosivos. Lo ilustra el siguiente discurso, imaginario y breve, que pronto pronunciará, mezclado con anécdotas históricas verdaderas, para vender la idea de que está llamado a ser la salvación del género humano, por lo cual busca ser tenido como un orador visionario y exigente.
Compatriotas:
El Destino ha querido que mi humilde persona jalone todo esfuerzo que beneficie a la grandeza humana y la impulse a cimas jamás alcanzadas. Es un propósito que poseo a fondo gracias a mi empeño en hacerlo realidad. Por ello, de tanto en tanto evoco las palabras que Chaplin dijera hacia el final de su vida: “Nunca perdí de vista mi objetivo último: ser actor”. Igual digo respecto de mi finalidad: ser la luz del mundo, no la pus.
También me impulsa estar en línea con Cassius Clay, quien, de 22 años, tras arrebatarle a Sonny Liston la corona mundial de los pesos pesados en 1964, en Miami, exclamó: “¡Soy el rey! ¡Soy el rey! ¡El rey del mundo, Dios Todopoderoso, estaba a mi lado! ¡Soy la conmoción del mundo! ¡No puede haber nadie más grande que yo!”. Palabras que hago mías porque me mueven al fin ya indicado: ser luz, no pus. Por ello no estoy de acuerdo con otro grande de la humanidad, nada menos que Newton, quien en 1670 le escribía a un amigo: “No veo nada deseable en el reconocimientos de los demás”.