No es que Venezuela se haya convertido en un problema para la región recientemente, pues, desde que el chavismo se tomó el poder, la democracia en ese país ha sufrido un revés y la región se ha visto contagiada por la tentación autoritaria.
Ahora, que Venezuela tuviera serios incidentes diplomáticos con Colombia es algo que nos lleva tanto a los años de los presidentes Barco y Lusinchi como a los de Uribe y Chávez.
Tampoco es que la infiltración venezolana en Colombia resulte una novedad ya que es de sobra conocida la obsesión que tenía Chávez por incidir en la dinámica interna a través de las FARC y de sus copartidarios principalmente. Juan Manuel Santos llamaba a Chávez “mi nuevo mejor amigo”.
Lo que hace a la Venezuela de Maduro intratable hoy es la evidente crisis con Guyana por el Esequibo y la infiltración en Colombia tal como lo ha señalado Noticias Caracol. En el primer caso, Maduro no hace el menor de los esfuerzos por evitarla, en el segundo no ahorra esfuerzos para negarla.
Hace poco menos de dos semanas, la prensa internacional registró que la Asamblea Nacional de Venezuela había aprobado, por unanimidad, la creación de un nuevo estado en el territorio del Esequibo, en estricto cumplimiento con el referendo celebrado en diciembre del año pasado, según el presidente del parlamento, Jorge Rodríguez. En las últimas horas, es el mismo Maduro quien ha promulgado la ley para la defensa del Esequibo.
En una clara manifestación unilateral por modificar el status quo, el régimen venezolano ha actuado muy rápido en tan poco tiempo. Han pasado menos de cuatro meses desde cuando Maduro mostró el nuevo mapa de Venezuela, hoy el Esequibo ya es considerado un estado más de la federación y hay una ley para su defensa. Lo que explica, en gran medida, que Lula da Silva se ha ido alejando de Maduro a medida que avanzan contra Guyana.
De otro lado, y según lo presentado recientemente por Noticias Caracol, Venezuela viene infiltrando la seguridad en Colombia cuyas “Implicaciones estratégicas” me permito citar.
La primera implicación recae sobre “la inteligencia del Estado, pues, de los aparatos de inteligencia y de su efectividad, depende la vida del Estado. En cuestión de inteligencia, no hay ideologías que valgan. Prima el interés vital porque de la inteligencia, a nivel estratégico, depende la planeación de operaciones militares y el diseño de la política de seguridad y defensa. Por lo tanto, se esperaría que sin titubeos Petro asumiera el desafío de encarar la amenaza venezolana así sea muy fanático de la ideología chavista y admire a Maduro”.