Según una reciente actualización de la plataforma “Trade and the Sustainable Development Goals”, de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), los grandes compradores internacionales incorporan, cada vez más, criterios laborales y sociales cuando importan y/o adquieren productos.
Hoy, estándares de sostenibilidad como los establecidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y certificaciones como Florverde Sustainable Flowers -FSF-, Rainforest Alliance o Global G.A.P., entre otras, realizan exigencias frente al respeto de los derechos laborales, la equidad de género y la seguridad social de los trabajadores.
En este nuevo entorno global, el trabajo formal se ha convertido en una credencial ética indispensable para competir en el comercio exterior. En particular cuando se pretende ser parte del juego y mantenerse en las economías más exigentes.
De acuerdo con la OCDE, los distribuidores, especialmente en sectores agrícolas y de productos frescos, están incorporando de forma sistemática criterios laborales en sus procesos de debida diligencia, entendidos como un proceso continuo que deben implementar para identificar, evaluar, prevenir y mitigar los impactos negativos reales y potenciales de sus actividades, incluidas sus cadenas de suministro y relaciones comerciales, en los derechos humanos, el medio ambiente y la sociedad.
Según el DANE, más del 40% de los ocupados en las principales ciudades del país se encuentran en condición de informalidad, y en las zonas rurales esta cifra supera el 60%. Esta realidad limita el acceso de millones de personas a derechos fundamentales y, al mismo tiempo, restringe la capacidad de nuestras empresas para cumplir con los estándares internacionales.
Pero lejos de ser un obstáculo insalvable, esta situación representa una enorme oportunidad: alinear nuestras cadenas productivas con las nuevas exigencias del comercio responsable no solo puede mejorar la competitividad del país, sino también dignificar la vida de quienes trabajan la tierra y hacen posible que Colombia exporte calidad al mundo.
Varios representantes de la FAO, entre ellos su exdirector José Graziano da Silva, han asegurado que Colombia reúne todas las condiciones geográficas y productivas para convertirse en una despensa agrícola global.