Por estos días, en Colombia, a raíz del doloroso asesinato del joven político Miguel Uribe, y no solo por ello, han abundado afirmaciones como: “Nuestro país cada vez es más violento y enemigo de la paz”, “La nación se desangra en el odio y la acusación al otro”, “Cada día creamos y recreamos una atmósfera que imposibilita la convivencia y la democracia”, etc. Puede creerse que el panorama es de ahora y que carece de antecedentes, pero no es así, como lo prueban las siguientes reflexiones originadas en el pasado, tomadas de mis archivos periodísticos:
▪ “Que en Colombia hay un mal, y un mal grave, es verdad de Perogrullo: perturbación económica, angustia social, escasez, pobreza, hambre, desocupación, desaliento psicológico, mal empleo y tensión de los resortes espirituales, descontento y prematuro, pero violento odio de clases, impermeabilidad del poderoso ante la justicia acompañante del débil; controversia; debates recriminatorios en juicios de responsabilidades; menosprecio de los valores absolutos y sobreapreciación de valores contingentes extremadamente relativos: todo acusa la extensión y profundidad del mal. Algo está en descomposición”. Lo sostenía el dirigente conservador Diego Tovar Concha, ¡68 años atrás!, en la obra La nación ante la U, Bogotá, 1957.
▪ En dicho año y tal obra, el futuro presidente Alfonso López Michelsen dejó escrito: “En Colombia, en la ausencia de un afecto profundo, no tratamos de comprendernos, de perdonarnos, de justificarnos como debiéramos hacerlo aun en nuestros vicios y defectos”.
▪ Por su parte, el presidente Guillermo León Valencia, en su discurso del 20julio1963 en el Congreso de la República, ¡hace 62 años!, manifestó: "Quizás en ninguna otra época de la historia del país el lenguaje usado haya sido más descompuesto, más irrespetuoso, más violento en solicitud de algo. Característica de la hora que vivimos es el deseo de muchas gentes de menospreciar y de violar la ley y de colocarse fuera de su imperio".