Nuestro hermoso país nos ha ofrecido por muchos años cantidades inconmensurables de riquezas naturales, de abundancia en fauna y flora; así como una diversidad de pisos térmicos. Algo muy característico de nuestro territorio, exaltado en el azul de la bandera tricolor, son sus ríos que alimentan los dos océanos, nacen en los páramos y recorren las montañas y valles, esparciendo el agua y la vida en la mayor parte la nación.
Fue esta abundancia ofrecida por las cuencas hidrográficas la que permitió que la matriz energética se desarrollara desde inicios del siglo XX con embalses para la generación hidráulica renovable, lo que representa cerca de 2/3 de la generación actual. Esto nos permitió también consolidar una ventaja estratégica para la autonomía energética nacional; pero, a la vez, una codependencia entre el agua y la energía eléctrica. Por ello, los momentos de estrés hídrico causados por situaciones climáticas como “El Niño” afectan por partida doble los recursos.
Infortunadamente, estas riquezas y bondades nos parecían eternas e inmutables y por tanto se imprimió en nuestra conciencia la idea de su infinitud, impidiéndole ver a la mayoría de los colombianos los peligros de perder estos recursos naturales y la necesidad de ahorrarlos o protegerlos.
Hoy en día, cuando la mayoría del país habla del riesgo de desabastecimiento de agua, el centro del país enfrenta racionamientos y las lluvias parecen no llegar como se pensaba. Además, las autoridades evalúan diariamente los niveles de los embalses, mientras se toman medidas eficaces y se hace un llamado a la ciudadanía a tomar conciencia.
En este punto resulta irónico mencionar que en Ecuador se tenga más certeza del riesgo energético al que está expuesta Colombia que nosotros mismos. La nación vecina ha estado sufriendo racionamientos desde octubre del año pasado y recientemente (en abril de 2024) debido al déficit de generación propia, la obsolescencia de las centrales térmicas y la suspensión de las exportaciones de energía desde Colombia, ordenada por el ministro de Minas y Energía el pasado 15 de abril.
Dos Colombias distintas
De manera paradójica, la abundancia de agua en la historia de nuestro país no le ha llegado a toda la gente. Según el DANE, cerca de 3,2 millones de personas no tenían acceso al agua potable en Colombia para el año 2023, de las cuales 2,6 millones viven en zonas rurales y 600.000 en cascos urbanos. Adicionalmente, si analizamos la desigualdad en el acceso, la Colombia rural y la urbana parecen naciones diferentes. Mientras en las cabeceras municipales el 97,4% cuentan con acceso, en las áreas rurales tan solo el 57,8% reciben el líquido, con una brecha de casi 40 puntos porcentuales.