Maravilloso es el futbol, capaz de saltar con facilidad de los reproches a las celebraciones.
Final excitante ante Bolivia, despedida con emociones excesivas y lágrimas sentidas. El tiquete al mundial en el bolsillo, con todas sus implicaciones.
Sin la placidez y la comodidad del recorrido, por el sinnúmero de contratiempos y vacilaciones, a lo largo del torneo. El paso quedó sellado, frente a unos de los rivales más débiles, en el límite de la competencia.
Los goles del último partido, fueron redentores, para tapar fragilidades y angustias.
Ahora, con los pies sobre la tierra. Sin las calenturas analíticas que se mueven al vaivén de un resultado, se debe resaltar el objetivo conseguido.
Es tiempo de subrayar los errores, analizarlos y corregirlos, para llegar al mundial con expectativas mayores.
En el último juego fueron altas las calificaciones de los futbolistas, con Luis Díaz en la dimensión que el mundo del futbol le reconoce.
James, inacabable, e influyente en la creación y la definición.
Su pie, un imán, la pelota siempre lo buscó en un tic-tac fabuloso para aclarar el ataque y abrir defensas cerradas.