Una consulta popular nacional es un mecanismo democrático que permite, para temas de trascendencia nacional, consultar electoralmente a la ciudadanía. La decisión que se tome es obligatoria.
Pero para convocarla se requiere una serie de pasos y de requisitos que, por cuestiones de espacio, me limitaré, a unos cuantos.
El primer requisito, según el artículo 20 literal d, de la ley 1757 de 2015, es que el Senado se pronuncie sobre la conveniencia de la consulta. Pero antes que se pronuncie, el presidente con la firma de todos sus ministros, deben enviarle el texto que la justifique y la fecha de su celebración.
El tiempo para que el Senado emita el concepto es de 30 días a partir de que le llegue el texto; y la consulta se celebrará, según el artículo 54 de la ley 134 de 1994., dentro de los cuatro meses siguientes a la fecha del pronunciamiento del Senado.
Pero además, las preguntas deben contestarse con un sí o un no. Deben ser claras y no darse a confusión, ni engaños y deben participar no menos de la tercera parte del censo electoral, es decir, más de 13 millones 654 mil 457 votos.
Pero la consulta popular no aprueba leyes, esa es una competencia exclusiva del Congreso de la República, por tanto, no puede aprobar las reformas laboral ni la de la salud.
Es más, el art. 38 literal b de la ley 1757, señala que No podrán ser objeto de consulta popular o plebiscito proyectos de articulado y las reformas laboral y de salud son eso, articulados.
Explicado lo anterior, voy a la opinión de mi columna:
La consulta es pues, un instrumento de campaña electoral porque este gobierno tiene algo peculiar. No gobierna, vive en campaña, invitando y costeando movilizaciones y en golpes blandos o duros
Nunca terminó de hacer campaña como tampoco, nunca comenzó a gobernar. Fue incapaz de hacer ese tránsito.
El propósito de Petro siempre es el mismo. No es el de ganar la consulta porque no lo hará. Ni las más famosa y la más reciente, la anticorrupción lo logró. Le faltaron votos.
El propósito es otro, distraer, entretener y darle narrativa a sus huestes. Esa es la estrategia.
Distraer a la opinión ciudadana de los problemas del país. Eso busca, pero resulta que son tan grandes, que el elefante ya no lo puede ocultar. Ni la corrupción que anida en su gobierno, ni la inseguridad y violencia que está en todas partes, ni la situación fiscal de las cuentas nacionales para no hablar de la salud que merece, por lo dramático, toldo aparte. Todo está de bulto.