Cuando la Boeing presentó el avión modelo 757, este tenía alrededor de 626 mil partes aseguradas entre sí por más de 600 mil remaches y cerrojos. Un panorama casi tan complejo como para un colombiano lo será tener claras las partes de cada candidato a la presidencia y este lograr el voto de sus conciudadanos el año que viene (si es que hay comicios, claro). Así las cosas, entre los rasgos que el aspirante debería tener y proyectar están los siguientes:
▪ Ser percibido como un líder humano, no como un mesías de barro ▪ De visión solidaria, no totalitaria ▪ Un gran luchador por el país, no por la lucha de clases ▪ Un candidato de anhelos, no de recelos ▪ Alguien que aplicará el humanismo social, no el socialismo antisocial ▪ Un promotor de opciones, no de imposibles ▪ Una actitud sincera, no una pose pasajera ▪ Alguien respaldado por el pueblo, no por las hordas ▪ El realismo social del siglo XXI, no el vetusto marxismo del siglo XIX ▪ El compromiso total de reducir la pobreza total, no la amenaza de crecerla.
A tales diez “remaches y cerrojos” se les unen estos otros diez:
▪ Tener los pies en la tierra, no en nubes ideológicas ▪ Alguien atento a los dictados del pueblo, no a la dictadura contra el pueblo ▪ Un batallador por las libertades, no un enterrador ▪ El candidato de quienes quieren a Colombia, no de quienes se la roban ▪ Una versión pragmática de la política internacional, no una visión ilusa ▪ Una concepción realista, no ingenua, de la sociedad y el Estado ▪ Un gobernante influyente, no un “influencer” ▪ Un gestor de acuerdos, no de entuertos ▪ Alguien que inspire afecto en el ciudadano, no vergüenza ▪ Una actitud férrea de cara a defender los derechos constitucionales, no una actitud enclenque ▪ Un animador de las mejores causas, no un encantador de serpientes.