El pasado 10 de agosto, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos señaló que CORFICOLOMBIANA, del Grupo Aval, sobornó funcionarios del gobierno colombiano en el contrato Ruta del Sol II. Por este motivo, el grupo financiero se comprometió a pagar USD$80 millones en un acuerdo de procesamiento diferido supeditado a su cooperación con la justicia. En palabras sencillas, y al contrario de lo que señalaron los medios locales, CORFICOLOMBIANA del Grupo Aval es culpable y pagó para suspender el proceso, más no para cerrarlo.
A pesar de este hecho relevante, el fiscal Gabriel Jaimes señaló rápidamente que “no existe [...] ningún soporte para iniciar investigaciones adicionales a lo que ya hemos esclarecido y judicializado previamente”. Y en octubre, el Fiscal Francisco Barbosa dijo, ante una solicitud del Secretario de Transparencia, que no reabriría ninguna investigación por un capricho de terceros. Estas declaraciones muestran lo que ha sido la doctrina Barbosa: tapen, tapen.
¿Por qué el fiscal Barbosa no quiere llegar al fondo del escándalo de Odebrecht? ¿A quiénes está protegiendo? ¿Por qué el grupo Aval es culpable en EEUU y en Colombia no? ¿Por qué quien se autodenomina como el mejor fiscal de la historia y se jacta de su nivel de formación no ha sido capaz de identificar al funcionario número 3?
Porque mientras en otros países acusaron y sancionaron incluso presidentes, acá es como si no hubiera pasado nada. A esto podemos sumar la desinformación promovida en algunos medios de comunicación, o el silencio cómplice de políticos de oposición y de quienes se hacen llamar “senadores del pueblo” y “luchadores contra la corrupción”.
Pero claro que sí pasaron cosas en Colombia. En el debate de control por Odebrecht que desarrollamos el pasado martes en la plenaria del Senado, denunciamos el modus operandi para la cooptación del Estado y de cómo las leyes y el cuerpo legal terminan siendo funcionales a los esquemas de corrupción, al punto que hoy ni siquiera es ilegal el saqueo del Estado, porque lo hacen por la vía contractual en el que los privados siempre ganan y la nación, con los recursos de todas y todos, siempre pierde. Lo vemos en carreteras con Odebrecht y el Grupo Aval, lo denunció el Senador Antonio Correa con la concesión Yuma, pero también lo vemos en salud, educación, en pensiones y tantos otros sectores.