El artículo Global polycrisis: the causal mechanisms of crisis entanglement, publicado el año inmediatamente anterior y escrito a seis manos, presenta una muy interesante revisión de la literatura existente sobre el concepto que nos convoca hoy: policrisis.
Los resultados de dicho balance bibliográfico en el que participaron Michael Lawrence, Thomas Homer-Dixon, Scott Janzwood, Johan Rockstöm, Ortwin Renn y Jonathan F. Donges, nos lleva a definir la policrisis como una conjunción de crisis simultáneas que se yuxtaponen entre sí y que amalgamadas desafían a los líderes y tomadores de decisiones en tanto que deben ser gestionadas en el menor tiempo posible y sin el mayor daño posible.
Según los autores, el concepto empieza a ser utilizado en 2022 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y ha tomado fuerza para explicar la actual situación o transición geopolítica por la que el mundo atraviesa, generando interrogantes muy serios para encontrar la manera en que los Estados la pueden conducir estratégicamente desde la administración pública.
Un mundo convulsionado, como el de hoy, en el que conviven los fantasmas de una pandemia, de la guerra, del cambio climático, de nacionalismos, autoritarismos, de una economía constantemente agitada, de polarización, de aventuras populistas, de veloces avances tecnológicos, de un serio deterioro en la salud mental (la lista es mucho más larga), y entre otros, son factores que cada vez presionan más a la gestión de los asuntos públicos. Una gestión que ha tenido que acomodar sus instrumentos convencionales como, por ejemplo, la planeación para reducir ya no la incertidumbre sino para transformar los efectos negativos que la policrisis produce.
Una gestión pública pensada más desde la planeación es cuestión del pasado. Los últimos años nos han enseñado que los procesos administrativos por ser flexibles no pueden dejar de ser lo suficientemente fuertes para guiar al tomador de decisiones a la hora de optar por una medida que incluso en su implementación temprana pueda ser objeto de reformulación inmediata. La naturaleza de la policrisis obliga a tener una capacidad muy rápida (por no decir veloz) para detectar errores a tiempo en función de la disminución del impacto negativo de la adversidad o amenaza en cuestión.