De cara a las elecciones para presidente en 2026, si las hay, es mucho lo que puede decirse acerca del papel de los partidos y movimientos demócratas (entiéndase anti-petristas), parte de lo cual se identifica en la columna de hoy, pues: 1) Es evidente el deterioro general de la vida y la convivencia, gracias al poder destructor del desgobierno de Gustavo Petro y sus grupos amados y armados, y 2) También es evidente la ya larga fragilidad de las fuerzas demócratas ante la condición violenta del mandatario y sus combos. Por ello, para triunfar, es imperativo que los defensores de la democracia tomen, a modo de ejemplos, decisiones como:
1) Formular un ideario. Es decir, su visión de país, de estado y de gobierno, indispensable para que los ciudadanos conozcamos las razones de fondo que guiarán a quien resulte escogido de candidato de la unión.
2) Construir un solo frente (partido, alianza, movimiento, coalición, pacto, unión, etc.), con un nombre de buen talante y alrededor del ideario. Es que “si Colombia parece enferma y como paralítica, es porque le hace falta un grande ideal, como la unidad, que levante y empuje a sus hijos en un movimiento común”. ¡Lo dijo hace decenas de años nada más ni nada menos que el asesinado líder liberal antioqueño Rafael Uribe Uribe! (cfr. diario El Correo, Medellín, 27julio1963).
3) Elegir al candidato o candidata ideal, ojalá por unanimidad, basados en su formación, su experiencia, su honestidad, sus condiciones comunicativas para divulgar el ideario y llegarle al elector siendo claro, capaz, convincente, potente, que aglutine y marque rumbos. Tareas que adelantó como candidato ganador Franklin D. Roosevelt, quien, siendo ya presidente de los EE.UU., “transmitió un sentimiento de optimismo en lo más aciago de los tiempos difíciles. Muy seguro en su puesto, irradiaba esa misma seguridad sobre los demás” (Alonzo L. Hanby, revista Facetas, No. 96, abril 1992).