En la campaña presidencial que arranca el año entrante se van a equivocar los que repitan la agenda que propusieron en el 2018. La razón es que el mundo cambió. Y si se repiten pierden, Trump lo hizo y perdió.
Y las razones son varias. Una de ellas es que el Covid-19 modificó la agenda pública, social y personal e introdujo al mundo en un período de transición de un pasado conocido a un futuro complejo, veloz, impredecible y falto de certezas. Además, las prioridades, preocupaciones y miedos cambiaron y la ilusión de futuro ya no es la misma. Los discursos del 2018 se agotaron, la gente se cansó de lo de siempre y el péndulo se mueve; los electores también.
Hoy no hay votos anclados. Los 8 millones de Petro ya no lo son. Habrá que barajar de nuevo, las cartas se reparten otra vez y el juego apenas comienza. Los votos no son estáticos, se mudan. Están buscando agenda pero de seguro no será la del pasado, la del 2018 sino la de los nuevos retos que trajo el Covid-19.
El Covid metió al rompe y sin pedir permiso la política en las casas de la gente. Vulneró el bolsillo de las familias, también la salud; produjo miedo, aislamiento y a modo de respuesta, el elector está respondiendo volcándose en masa a las urnas. La votación de 80 millones a Biden y de 73.8 a Trump rompió récords de participación aún en pleno pico de la pandemia. Con Biden llegará un nuevo tono lo mismo que nuevas ideas y agenda. Ya tuiteó: “Comencemos el trabajo para sanar y unir a USA y al mundo”.