¿Y si James hubiera estado en Junior?
El dinero al bolsillo que pone a bailar a los dirigentes clasificados. Ausente el futbol en su esplendor. Mucho fervor, como disfraz.
Taquicardia en los cobros desde el punto penalti. Poderosos eliminados, famosos culpables que no lo son. El dinero, el poder o el descalabro. El triunfo de los obreros y el sudor.
Y Falcao... siempre Falcao, para bien o para mal. El sofisma de distracción ideal, para esconder los pecados.
Asi marchan las copas para los equipos colombianos.
En América, estaba Quintero, y poco o nada aportó en la clasificación.
Se lo tragó la efervescencia de un combate que no era para él, frenético, con chispazos de futbol, definido con drama a favor de su nuevo club, que muchos minutos jugó mejor.
Alimentó, por el contrario, el inquieto y traviezo chiquilín, sus aires revanchistas, que satisfizo con gestos provocadores frente a sus antiguos compañeros de Junior, lo que los enardeció.
Mal estaban por la incertidumbre de un duelo, que el local jugó desventaja por los goles en contra, inexplicables, cuando sin rumbo deambulaba por la cancha.
Reaccionó, pero los desaciertos los condenaron.
Falcao no tuvo responsabilidad en la derrota de Millonarios. El partido tampoco era para él, por la cancha lisa, mojada por la lluvia y la pelota que Millonarios controlaba pero de nada le servía.