Gustavo Petro afirmó hace unos días que “el Cartel de los Soles no existe; es una excusa ficticia de la extrema derecha para derribar gobiernos”. La frase no es un detalle menor: contradice lo que para Estados Unidos es un hecho judicial y político. Desde 2020, el Departamento de Justicia procesa a Nicolás Maduro y a altos funcionarios de su régimen por narcoterrorismo, describiendo al Cartel de los Soles como una estructura estatalizada de tráfico de cocaína. Y en julio pasado, el Tesoro estadounidense incluyó a esa red en la lista de organizaciones terroristas globales.
Mientras Washington refuerza su presencia en el Caribe para cortar corredores de narcotráfico vinculados a Caracas, el presidente colombiano decide negar la existencia misma del cartel. El choque es evidente: para Estados Unidos, es una amenaza hemisférica; para Petro, una invención política. Esa negación no solo erosiona la confianza con nuestro principal aliado, también envía la peor señal posible a los criminales: que en Colombia hay un gobierno dispuesto a mirar hacia otro lado.
El discurso llega en el peor momento. La política de “paz total” no debilitó a los grupos armados, los fortaleció. Las disidencias de las FARC controlan corredores estratégicos; el ELN se expandió a nuevas regiones; y bandas ligadas al narcotráfico operan con libertad en ciudades y fronteras. Los reportes oficiales ya no alcanzan a ocultarlo: el país está nuevamente cercado por estructuras narcoterroristas que avanzan sin contención.
A esto se suma la fatiga de nuestras propias fuerzas. Solo seis de cada diez helicópteros de la Fuerza Pública están en condiciones de volar. El presupuesto de defensa se ajusta cada año más, afectando mantenimiento, inteligencia y presencia territorial. Y, aunque las cifras de cultivos ilícitos siguen en niveles críticos, las operaciones de erradicación y de interdicción se han reducido. Todo indica que la capacidad del Estado para enfrentar el narcotráfico se ha debilitado de manera sistemática.
Después de tres años, la conclusión es ineludible: este gobierno no va a actuar con contundencia contra los grupos narcoterroristas. Lo ha demostrado en cada decisión, en cada discurso y ahora en la negación del Cartel de los Soles. Petro no dará un giro de 180 grados en su último año de mandato. Por eso, no se trata de esperar milagros internos sino de buscar presión externa.