Nunca pensé que iba a escribir esta columna; sin embargo, las circunstancias me obligaron a hacerlo después de treinta años de haber leído asiduamente a García Márquez durante mis años de colegio. Hace unos cuántos años volví a releer “el General en su laberinto” por cuenta de mi encuentro con el Bolívar (Deliro y epopeya) del maestro Víctor Paz Otero.
Reconozco que mis lecturas, en aquel entonces, de las obras canónicas de García Márquez fueron superficiales, descontextualizadas y, sobre todo, mediocres. Todo por cuenta de los afanes de la adolescencia y de una sobrecarga con el autor de “Cien años de soledad”.
En su momento, sentía una suerte de saturación. Mis profesores de literatura, en particular uno, nos obligaba -casi de manera exclusiva- a leer a “Gabo” como él lo llamaba con cierta cercanía, aunque creo que nunca lo conoció en persona. Mi hartazgo se ratificó dado que en la Colombia de los 80´s, García Márquez eclipsó la producción literaria por cuenta del Nobel que le fue entregado el 21 de octubre de 1982 en Estocolmo. “La Ceniza del libertador”, de Fernando Cruz Kronfly, es un claro ejemplo de ello.
Ese abarrotamiento garciamarquiano me empujó, en consecuencia, a buscar en otros autores y en otras geografías una puerta de escape al realismo mágico que se imponía a la par con las ideas de izquierda que él tanto defendió.
Ahora, gracias al esnobismo del medio pude intuir rápidamente que en Colombia se hablaba mucho de García Márquez pero que se leía realmente muy poco. Ya en mis años de universidad pude constatar que esa sospecha era una rotunda verdad. Así, el tal Gabo -como cariñosamente lo llaman muchos colombianos- ha sido un fenómeno más comercial que propiamente literario, en el sentido estricto de la palabra.
Esa etapa que bien podría ser llamada como exploratoria, abarca en mi vida el período comprendido entre 1984 y 1994. No obstante, las cosas cambiaron y, por eso, decidí escribir estas líneas dado que se está abriendo otro período de mi contacto con ese universo reconocido por la RAE como garciamarquiano.