Lo que hace un mequetrefe es mequetrefear, permítanme el verbo acudiendo a un neologismo dramáticamente lúdico que tal vez sea el único aporte a la galaxia de nuestro indigno mequetrefe que no solo hace gala de su manera de mequetrefear acá, en la provinciana Colombia, sino que no pierde oportunidad para desplegar sus habilidades mequetrefudas viajando sin parar, tanto así que el día menos pensado ya habrá cumplido cien visitas al exterior como promotor excelso de la mequetrefeada como lo pudimos presenciar en su reciente visita a la posesión de Noboa -del que había puesto en duda la legitimidad de su elección sin ninguna prueba- para risa de algunos, vergüenza ajena de otros y desgracia de un país y una región que ya tenía suficiente y de sobra con el mamarracho venezolano del que nadie entiende como se mantiene en el poder teniendo una recompensa millonaria por su cabeza como en el lejano y salvaje oeste.
Nuestro mequetrefe pasó por Ecuador, luego de un largo, costoso e improductivo viaje a China y el Vaticano, en donde, como siempre, hizo gala de sus capacidades mequetréficas con su falsa y ridícula solemnidad mostrándose competente en su incompetencia la que, con su habitual desparpajo, no deja casi nada a la imaginación; personaje de comedia que habla y habla y no dice nada; que aparenta liderazgo sin asumir la responsabilidad de sus decisiones; que se pretende sabiondo y no sabe un carajo; que utiliza tecnicismo de los que no conoce su significado; que mete la cucharada como si fuese todo un experto escribiendo trinos interminables en estados alterados de consciencia.
Mequetréfica y mefistofélica es en esencia su actuación en el teatro del mundo en el que la audiencia ríe con esa triste risa de quienes son testigos de las horribles consecuencias resultantes cuando lo burlesco se sale del teatro al mundo real. Esa combinación lo hace aún más superficial, torpe con pretensiones y a la vez oscuro, perverso y malicioso. Qué mezcla más siniestra la del mequetréfico-mefistofélico que no pone peros al pactar nuestro destino con el diablo de la vanidad.