Las imágenes que vimos el pasado lunes del presidente francés, Manuel Macron, a su llegada en Hanoi debería abrir un debate que los ideólogos de género no dan porque no les conviene y que los hombres varones (perdón por la aclaración, pero es necesaria en estos tiempos) minimizan tal como lo hizo erráticamente el mandatario del Elíseo.
Si la imagen que dio la vuelta al mundo hubiese sido otra; es decir, Brigitte Macron frente a los reflectores sonriendo después de una situación más que evidente ¿qué creen que hubiera pasado? Las feministas y feministos hubieran desatado toda su histeria en contra del presidente y tal vez hubieran incendiado las Tullerías o el Arco del Triunfo. Como mínimo hubieran vandalizado los Campos Elíseos.
Nada de esto hubiera sido suficiente para saciar la furia de los ideólogos de género, en todas sus variantes. Repito: ¡nada! Aunque creo que la histeria hubiera sido más sonora y globalizada si el protagonista -hipotéticamente hablando- fuera Donald J. Trump y la víctima, Melania Trump. No cabe la menor duda.
Como tampoco hay la menor duda que hubieran dicho que el presidente de 47 años agredió a una mujer, adulta mayor, de 72 años. Así, toda la cartilla del credo feminista hubiese sido aplicada a rajatabla en contra del presidente y de seguro, hubiese enfrentado a una juez penal, feminista por demás, para administrarle la dosis jurídica y triturarlo con la maquinaria propagandística que el mundo ya conoce de sobra. A Macron le hubiera ido peor que al capitán Dreyfus.
Pero, Macron comete el error de la inmensa mayoría de los hombres. Sabiendo que el feminismo (no la igualdad de género) es un cuchillo que acecha el cuello de todos los varones, sale a minimizar una acción que para el feminismo sería considerada como una abierta y brutal agresión.