Lo expresó el genio científico Albert Einstein: “La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar “superado”.
En pleno despertar de la era del conocimiento, los interrogantes aún son muchos, y denota ignorancia y criterio estrecho, negar las magnitudes de esta crisis global que puede pasar a ser una gran depresión con las connotaciones propias de la naturaleza en la era de la revolución genética y la convergencia tecnológica. Una depresión mundial se puede causar al pasar de un pánico global a una histeria generalizada. Estas reflexiones espero ayuden a entender las responsabilidades como sociedad y personas tenemos ante un hecho cumplido, y a no culpar a los gobiernos pues ellos no son más que el producto de nuestra inconsciencia colectiva.
Estamos en una crisis de características inéditas y ello nos obliga a considerar todos los aspectos que la causaron y que la componen. Tengo fe y optimismo, esperemos que muy pronto el conocimiento y la ciencia y la tecnología que nos dieron la capacidad de entender de donde venimos y el origen de todas las cosas que componen este planeta, nos ayude a manejar con ética la responsabilidad saber cómo alterar la vida y nos ayude a sobrevivir esta primera gran pandemia biológica en la nueva era del conocimiento convergente.
Y es que se junto todo. Los dos combustibles que mueven el mundo fallaron a la vez afectados por una estampida digital. Es como si a un jet le fallan los dos motores al tiempo y se va en caída libre.
Por un lado, el combustible que determina la movilidad en este mundo, el “mercado energético”, indexado al precio del petróleo que sufrió un doble choque negativo, caída de demanda e irresponsables anuncios de sobreproducción de Rusia y Arabia Saudita, a lo cual siguió la aparición de una guerra geopolítica ideológica que apenas empieza; y por el otro varias fuerzas que golpean la “confianza”, como combustible económico, financiero, de los mercados de capitales y la inversión. Todo disparado por un pánico global expandido por las redes sociales y medios de comunicación, justo al entrar nuestra civilización en una nueva era de conocimiento y codificación genética, a la cual la viralidad pandémica es: lo que ha sido la amenaza de la capacidad bélica atómica-nuclear, al transcurso entre la era análoga y la digital. Y si como se dijo antes, del pánico global se pasa a histeria colectiva justo en el momento en que los sistemas de salud en todo el mundo resultan totalmente insuficientes, podemos estar viviendo ya una depresión, que se inició en la recesión lenta en 2019, pero que pasó a ser “severa y a ser una profunda crisis financiera”, disparadas por la inminente incapacidad de resolver o contrarrestar una pandemia cuyos principales interrogantes siguen vigentes y sin respuesta acompañada de certeza científica.