“Écart” es una palabra de la lengua francesa que no tiene equivalente en español. Separar, diferenciar, apartar son traducciones que no alcanzan a darnos su pleno significado aunque nos aproximan a él como ocurre con “écarté” cuya traducción es descartado, separado o apartado según el contexto de la frase. Es una lástima que entre tanto galicismo no se haya incluido “ecart” o algo que se le acercara para utilizarla en la presente reflexión.
En mis indagaciones sobre la pintura china he encontrado de todo mi interés la manera como plantea el concepto de “écart” el filósofo y sinólogo François Jullien, aunque no he llegado a asimilarlo plenamente. En una conferencia, dictada hace pocos años en Montpellier en la que habló de “esa extraña idea de lo bello”, recordó que en la esencia del dialogar está “l’ecart” como lo indica la raíz de una palabra tan malinterpretada como lo es “diálogo” que tantos pesares nos ha traído. El prefijo “dia” viene de la raíz indoeuropea “dis” que significa en diferentes direcciones. Ese diálogo es el que Jullien propone para un encuentro entre occidente y China teniendo en cuenta que, más que una diferenciación dialéctica, lo que ocurrió durante siglos y siglos fue un fenómeno de indiferenciación entre China y Europa. Se desarrollaron indiferentes y solo hasta ahora, y de manera muy tímida, han pretendido enfrentar sus miradas Es a partir de la mundialización que se han visto confrontadas esas dos visiones del mundo que guardan en sí mucho que enseñar y aprender una de la otra. Es a partir de esa fragmentación cultural y geográfica entre Europa y China que América ha jugado un papel fundamental en la mundialización desde su incorporación en la incompleta cartografía del momento. Lo que resultó del descubrimiento del Nuevo Mundo fue el comienzo de un mundo nuevo globalizado, mundializado.
Paradójicamente, mientras presenciamos el fenómeno de la globalización es justo cuando venimos a percatarnos de lo distantes que estamos los unos de los otros. China sigue siendo ese lugar lejano del que sabemos poco como, también, se han hecho patentes las diferencias entre las mismas naciones occidentales y, al interior de ellas, entre sus gentes como se ha hecho palpable en Estados Unidos con lo que ha venido pasando con su proceso electoral. Esto es un llamado de atención a un mundo que se ha visto desgarrado por las diferencias, alejado cada vez más de los ideales del humanismo democrático en el que “l’écart” era parte de su esencia.