El equipo fantasma.
Sin la influyente algarabía del público, Colombia en caída estrepitosa. Fueron tres puñaladas, tres goles y tres regalos al verdugo Uruguay.
Mientras Tabares, técnico uruguayo, dormía en la placidez del triunfo, Queiroz buscaba refugio en sus chocantes disculpas.
La selección en la cancha no existió, como no existen las ideas del técnico, dominado por sus limitaciones, su desconocimiento y su pereza. Tampoco existen los futbolistas de la liga local a quienes ignora a pesar de tener a Yepes y a Reyes, como dos más de sus 16 asistentes. Nada le dicen, no los escucha, o son de bolsillo.
Sus gustos por el futbol físico en perjuicio de la técnica, cuyo único objetivo es el resultado, chocaron contra la muralla uruguaya, pero, especialmente, sucumbieron ante la falta de compromiso, de juego y de alternativas. Soso, repetido, sin sorpresa, Colombia desperdició su más preciado tesoro, la devoción por la pelota. Ese no es nuestro fútbol…Es el fútbol del técnico.
Que desespero ver al batallador Zapata, solitario en zonas de remate.