Desde las tribunas de los estadios, como protesta de los aficionados cuando la tensión llega al límite, han caído condones, naranjas, piedras, pilas, sujetadores, botellas, pelotas de tenis, objetos sexuales, radios, pantis, sujetadores y cuchillos, entre muchos objetos.
En Italia, seguidores del Inter, en un partido contra Atalanta, lanzaron una moto y una gallina apareció en un clásico Boca- River, en Argentina.
En Barcelona por poco impacta en Luis Figo, la cabeza de un cochinillo por su traición al club y su huida al Real Madrid.
“Los zapatos a la cancha”, como ocurrió la noche del miércoles con Millonarios, en la liga local, como protesta masiva por la deplorable campaña del club, no deja de ser una acción surrealista, sujeta a sanción, pero a la vez creativa.
Muy diferente, por sus efectos materiales o subliminales, al salvajismo, a la invasión del campo, a la agresión a los árbitros o a los futbolistas, a las amenazas de muerte o las pancartas agresivas, como muchas veces ha ocurrido.
Fue una forma, desconocida en el medio, de decirles a los futbolistas, a los entrenadores, a los directivos y hasta los periodistas tribuneros, que la camiseta se respeta, se suda, se sufre y se defiende “hasta con la vida”. Que la mentira, para justificar, no es sabrosa, en las derrotas.