Las estadísticas han gobernado siempre el mundo de los deportes, en unos más que en otros, pero en todos, los números, tienen un importante significado a la hora de leer campañas individuales y colectivas.
Y digo en unos deportes más que en otros porque por ejemplo ver un partido de Beisbol o de baloncesto, por citar solo dos ejemplos, sería imposible sin la referencia de lo que cada jugador es capaz de hacer, o no hacer, para poder medir el verdadero peligro del que está al bate, o defendiendo, o los que marcan de 3 puntos.
En el caso del fútbol, también existen esos números, la frecuencia goleadora, los que hacen pocos goles, los que se defienden, los que mas atacan, los que son buenos o malos locales, buenos o malos visitantes, los invictos, etc, etc.
Las estadísticas en el fútbol son una referencia importante que puede establecer una tendencia, pero solo si está hecha de resultados recientes. No se vale decir, por ejemplo, que hace unos años un equipo perdía 3-0 y fue capaz de ganarlo 4-3 en la vuelta y que por eso podría volver a suceder, con nóminas distintas, en instancias diferentes. Solo es un recuerdo, nada más.
Pero las estadísticas si pueden acertar cuando se enfrentan un gran local con un muy mal visitante porque generalmente termina ganando el primero y no porque la estadística sea un vaticinio, sino porque eso es lo que ha venido sucediendo en los resultados recientes.
Muchas veces ha pasado que cuando un equipo que hace pilas de años no gana en una ciudad, algún día termina ganando, o aquél que generalmente no pierde, termina perdiendo, porque las estadísticas pueden señalar una tendencia, mas no asegurar que se produzca un resultado.
Recientemente se disputaba la última jornada de los cuadrangulares en la liga de fútbol de Colombia. En dos partidos, 3 equipos tenían posibilidades de llegar a la final. Bucaramanga un gran local enfrentaba al Deportivo Pereira un buen visitante y Junior jugaba en Bogotá ante millonarios, el único que no tenía ya posibilidades de clasificación.
De inmediato la estadística salió a flote y señalaba a Junior como el equipo que casi siempre pierde en Bogotá, lo que le abría las puertas a que el ganador del otro partido fuera el finalista.
En ese momento dije, que, aunque la estadística era absolutamente cierta, no podía ser certera tratándose de las circunstancias que envolvían esa última fecha. Junior acababa de ganar en la altura en la copa libertadores ante liga de Quito y se jugaba su paso a la final en la de Bogotá ante un equipo eliminado, con demasiados problemas de lesiones y solo con el amor propio de por medio.
Pues Junior con una nómina muy superior, lo intentó como nunca y perdió como siempre. Lo peor es que hasta el solo empate le hubiera servido para ser el finalista. La cara de la derrota la tenían dibujada todos sus jugadores en el 2do tiempo en donde no fueron capaces de revertir el marcador en contra y le sumaron una derrota más a la larga lista de frustraciones que Junior tiene en la capital colombiana.