Es esencial recordar que la agricultura formal es un motor clave para el desarrollo rural, la generación de empleo y la protección de nuestros recursos naturales.
Según el Banco Mundial, en su estudio “Agriculture and Food: Development news, research, data”, publicado en 2024, la agricultura puede ayudar a reducir la pobreza, aumentar los ingresos y mejorar la seguridad alimentaria para el 80% de las personas más pobres del mundo, que viven en áreas rurales.
Investigaciones como la “Iniciativa de Pobreza Multidimensional de Oxford (OPHI)”, indican que el crecimiento en el sector agrícola es dos veces más efectivo para disminuir la pobreza que el crecimiento en cualquier otro sector. Países como Ruanda, Ghana y Etiopía han experimentado reducciones históricas de la pobreza gracias a inversiones en agricultura.
Aunque los gobiernos y organismos internacionales son claves para impulsar, a través de incentivos y programas especiales, el crecimiento rural, las grandes empresas agrícolas estimulan directamente el desarrollo de las comunidades locales mediante la generación de empleo y mayores ingresos, así como la creación de oportunidades educativas y de capacitación.
Además, estas empresas invierten en infraestructura y tecnología, generando un efecto multiplicador que beneficia a otras industrias locales, contribuyendo a la seguridad alimentaria y al desarrollo económico sostenible.
Experiencias en países como Chile, Perú y Kenia muestran cómo la presencia de empresas agrícolas bien organizadas ha transformado comunidades rurales, aumentando la productividad, reduciendo la pobreza y fortaleciendo la resiliencia económica de estas regiones.
En el contexto latinoamericano, la agricultura de exportación se perfila como un pilar estratégico para el desarrollo económico y social. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destaca que para aprovechar el potencial de la región es esencial la inversión del estado y del sector privado.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también subraya la importancia de la inversión privada en el sector agrícola. Por ejemplo, en Perú, IDB Invest ha respaldado el crecimiento de empresas agrícolas enfocadas en frutas y hortalizas mediante financiamiento y asistencia técnica. Entre 2017 y 2023, su portafolio apoyó 34,000 empleos, de los cuales el 43% fueron para mujeres, y mejoró el acceso a servicios y financiamiento para más de 500 agricultores.