Desde el inicio de la invasión rusa en 2022, Volodímir Zelenski ha librado múltiples batallas, algunas en el campo militar, otras en la arena política y económica. Sin embargo, a medida que la guerra se prolonga, resulta inevitable preguntarse: ¿ha ganado Ucrania en algún frente? A la luz de los acontecimientos recientes, la respuesta parece ser negativa.
Las esperanzas de recuperar el territorio perdido han sido, hasta ahora, infructuosas. Si bien la resistencia ucraniana logró contener el avance ruso en algunos frentes, la realidad es que, en 2024, las fuerzas rusas continuaron consolidando su control en zonas estratégicas. La ofensiva fallida de Ucrania en Kursk y la caída de Kurájove en octubre de ese mismo año han debilitado la moral y las capacidades militares de Kiev. En 2025, Rusia mantiene el control sobre el 70% del óblast de Donetsk, así como zonas clave de Lugansk, Jersón y Zaporiyia, según informes recientes.
Desde el inicio del conflicto, Zelenski ha insistido en la adhesión de Ucrania a la OTAN como una garantía de seguridad. Pero el apoyo diplomático no se ha traducido en resultados concretos. En marzo de 2025, la membresía seguía siendo una promesa lejana. La renuencia de los aliados occidentales a comprometerse plenamente con Kiev, por miedo a una escalada con Rusia, ha dejado al gobierno ucraniano en una posición vulnerable.
Los conflictos prolongados erosionan el respaldo popular, y Zelenski no es la excepción. Las críticas internas sobre la conducción de la guerra, la falta de avances significativos y la dependencia de la ayuda extranjera han debilitado su imagen. La presión para convocar elecciones anticipadas ha crecido, poniendo en riesgo la continuidad de su mandato.