El inicio de 2025 encuentra a Colombia ante el desafío de redefinir su seguridad ciudadana en un contexto donde lo impredecible y lo evidente convergen para amplificar los riesgos. Por un lado, los cisnes negros, como ataques terroristas o ciberataques, representan eventos de alto impacto que desestabilizan a las instituciones y la sociedad al desafiar toda predicción basada en datos históricos, como explica Nassim Nicholas Taleb en su obra “El cisne negro”. Desde otro punto, los rinocerontes grises, descritos por Michele Wucker en “The Gray Rhino”, incluyen amenazas claras como la violencia urbana, las economías criminales y la crisis migratoria, que erosionan sistemáticamente la confianza en el Estado cuando no se abordan con urgencia. Esta combinación de fenómenos resalta la necesidad de estrategias integrales que enfrenten tanto lo inesperado como lo irrebatible, garantizando una respuesta efectiva frente a los retos de seguridad pública en el país.
Cisnes negros como el ataque a la Escuela General Santander en 2019 es un ejemplo emblemático de un evento inesperado que generó conmoción nacional e internacional. Asimismo, posibles futuros cisnes negros incluyen ciberataques masivos contra la infraestructura crítica, como el sistema financiero o el control del transporte aéreo, cuya preparación es insuficiente. Por otro lado, los rinocerontes grises están presentes en forma de riesgos evidentes y crónicos. La violencia generalizada, con el auge de homicidios y extorsiones en varios departamentos del país entre ellos Antioquia, Valle del Cauca y Cundinamarca como lo indican las cifras al cierre del 2024, refleja un problema sistémico que sigue sin resolverse. El narcotráfico, pese a los esfuerzos de varias décadas, sigue siendo una amenaza constante para la seguridad y la economía del país.
Por su parte, un rinoceronte gris que fácilmente puede transformarse en un cisne negro como la corrupción podría derivar en una crisis institucional inesperada, hasta el punto de desestabilizar a la Fuerza Pública y debilitar la capacidad del Estado para combatir riesgos inminentes. La desconexión entre la planificación estratégica y la ejecución operativa agrava estos riesgos. Las instituciones colombianas han mostrado una tendencia a responder reactivamente en lugar de anticiparse a los eventos. La falta de inversión en tecnología avanzada, la carencia de coordinación interinstitucional y la debilidad en la rendición de cuentas son factores que perpetúan esta situación.