A menos de un mes de finalizar los dos eventos internacionales más importantes contra la doble crisis de cambio climático y pérdida de biodiversidad que atraviesa el planeta (COP 29 -Bakú, Azerbaiyán- y COP 16 – Cali, Colombia-), los medios de todo el mundo registran ampliamente un reciente informe de la Comisión Europea, el cual revela que el 53% de los productos de la Unión Europea (UE) practica el greenwashing.
En las reuniones de Bakú y Cali, líderes mundiales de los sectores políticos, económicos y empresariales se dieron cita para abordar temas tan importantes como la reducción de las emisiones contaminantes, el financiamiento de energías renovables, la aceleración de la transición energética y la conservación, restauración y defensa de los ecosistemas.
Sin embargo, también fueron muchas las voces que, en ambos eventos, clamaron por luchar contra el marketing sostenible amañado a las necesidades de muchas organizaciones, y a las crecientes exigencias de los consumidores.
Es a lo anterior a lo que se llama Greenwashing, una estrategia de mercadeo desarrollada con el fin de mostrar a la audiencia que una organización es responsable y comprometida en la protección del planeta, sus recursos naturales y sus diferentes formas de vida, cuando la realidad es muy diferente.
El informe de la Comisión Europea revela que más del 50% de los productos de los 27 países de la UE son etiquetados como respetuosos con el medio ambiente, pero carecen de fundamentos verificables. Además, informa que un 40% de ellos no están respaldados por pruebas.
Es cierto que el anterior informe revela que en el empresariado global persisten muchas organizaciones que buscan con frases bonitas, promesas ambiguas y macro metas ecológicas -más ambiciosas que alcanzables-, evadir sus responsabilidades.
Pero también lo es, que sus resultados avalan e impulsan diferentes iniciativas que en los últimos años vienen trabajando contra el mal manejo del marketing verde y las nefastas consecuencias que supone.
Es aquí donde la directiva 2024/825 de Parlamento Europeo y del Consejo (28 de febrero de 2024) debe ocupar toda nuestra atención. Esta directiva, la cual ha sido la evolución de una Guía aprobada en la UE en 2001, prohíbe cualquier declaración ecológica que resulte engañosa, imprecisa o exagerada, y los estados miembros deben adoptarla y aplicarla a más tardar el 27 de marzo de 2027.
La nueva regulación establece pautas claras para las empresas, exigiendo que términos como “respetuoso con el medio ambiente” o “de origen biológico” estén respaldados por pruebas verificables y precisas. Este movimiento, destinado a garantizar la transparencia y autenticidad en las comunicaciones ambientales, desde ya es fundamental para atacar la publicidad engañosa y demuestra que ya no valdrá “parecer bueno”.