No es divertida la trastienda del futbol colombiano. En poco tiempo se abren y cierran las puertas, con fachadas a las reglas, sin límites, en tantos casos, ocultas.
Suelen aparecer con cierta periodicidad los retratos sombríos, que desnudan a sus protagonistas, dirigentes, entrenadores, árbitros, futbolistas y el sindicato que los aglutina, por las ambiciones desbordadas, el apetito de protagonismo, todos tan hambrientos de atención y adulación.
Son líderes, en varios casos, egocéntricos, ávidos de estatus, de figuración, dinero y poder.
La más reciente degradación tiene que ver con las amenazas de un posible cese de actividades de los jugadores, que en el futbol se denomina “paro de piernas”, como represalia, con medidas extremas, por sus reclamos y exigencias no escuchados por parte de la dirigencia.
Episodio ya vivido, por allá en 2005, cuando los jugadores programaron una huelga, no cumplida, al comando de Iván Ramiro Cordoba, el presidente gremial y el director ejecutivo, Gonzalez Puche.
Hicieron el ridículo porque los pedidos de aquellos años siguen siendo los mismos.
Nunca en Colombia, a pesar de los escándalos a lo largo de la historia, hubo un paro por parte de los futbolistas. El temor a las represalias, los inhibe.
Son profundas las divergencias entre futbolistas y dirigentes. Y entre estos y el sindicato. A pesar de que viven entre sonrisas y abrazos, se llevan “con la doble”...El doble discurso.