A pocos días de terminar el 2024 y en vísperas de Navidad, parece que el ‘regalo’ por parte del Gobierno para el país y los colombianos es una economía débil e inestable, producto de la mezcla de dudosas decisiones que crea un cóctel amargo en esta época decembrina y que empaña el panorama económico del 2025.
La presentación ante el Congreso de un presupuesto desfinanciado en $12 billones, que al no ser aprobado por el Legislativo será implementado por Decreto, sumado a un Proyecto de Ley de Financiamiento que lo único que busca es aumentar los impuestos en sectores clave para la economía colombiana, que podría tener efectos en el costo de la canasta familiar y, por tanto, en la inflación, son la combinación perfecta para este trago desagradable al paladar de la Nación.
Hace unas semanas J.P. Morgan, el banco más grande de los Estados Unidos, dejó en evidencia la desafortunada situación que enfrenta el país en materia económica, que nos tiene al borde de pasar de BB+ a BBB- con una perspectiva negativa para caer a la categoría ‘basura’ si así lo decide S&P. Esto se veía venir, pues en enero de 2024, esta misma calificadora de riesgo ya había ajustado la perspectiva de Colombia de estable a negativa, gracias a las débiles perspectivas de inversión y crecimiento, así como al aumento del déficit fiscal.
Recordemos que, de acuerdo con el Marco Fiscal de Mediano Plazo del 2024, el déficit fiscal podría llegar al 5,6% del PIB en 2024, mientras que el Banco J.P. Morgan estima que sea del 5,7% para finales de este año y del 5,4% para el siguiente. Esto, sumado al debilitamiento del peso colombiano, están llevando a una rebaja en la calificación crediticia del país.
¿Cuál es el impacto que sufriría Colombia si se rebaja la calificación crediticia?
La baja en la calificación por parte de las calificadoras de riesgos tendría implicaciones macroeconómicas significativas para el país. Primero, aumentaría el costo de financiamiento, ya que los inversionistas exigen mayores tasas de interés para compensar el alto riesgo percibido. Segundo, devaluaría la moneda debido a una menor confianza de los mercados internacionales, incrementando el costo de importaciones y presionando la inflación. Y finalmente, reduciría el atractivo del país como destino de inversión extranjera, limitando el flujo de capitales necesarios para impulsar el crecimiento económico y proyectos de desarrollo.