Meses después de entrar en un punto muerto, las operaciones militares entre Kiev y Moscú han tomado un nuevo aire. La iniciativa del inesperado giro la tomaron las tropas de Zelensky que invadieron, el pasado 06 de agosto, una muy pequeña pero significativa zona al interior de Kursk a unos 500 kilómetros (320 millas) de Moscú.
Los rusos no tenían tropas extranjeras sobre suelo patrio desde 1941. Ochenta y tres años después, Rusia vuelve a ser invadida. Para el público ruso, la incursión en Kursk le viene a dar la razón a Putin quien venía insistiendo en que Rusia era amenazada por la OTAN a través de Ucrania. Para la opinión pública ucraniana es prueba suficiente de que pueden salir vencedores y que nada está, por ahora, del todo perdido.
Desde el punto de vista estratégico, es un golpe para el Kremlin en tanto que muestra una vulnerabilidad defensiva incuestionable. Tácticamente hablando, refleja el agotamiento de las fuerzas rusas que están tan exhaustas como la opinión pública mundial. De hecho, la reacción fue muy pasiva si se compara la magnitud estratégica del hecho con el despliegue informativo.
Ahora bien, en esta maniobra militar el factor sorpresa fue decisivo y resalta que los ucranianos planearon y ejecutaron la incursión bajo los parámetros más rigurosos de inteligencia militar y, sobre todo, lograron que no fuera infiltrada por Moscú. Esto habla muy bien del profesionalismo de las tropas ucranianas y del liderazgo cívico-militar que ha resistido por cerca de treinta meses el hostigamiento ruso.
Por ello, resulta probable que Putin busque un responsable de todo esto. Es más, la responsabilidad podría ir por los lados del general que Shoigu que ya había sido removido del Ministerio de Defensa y reemplazado por el economista Andrey Belousov. Aunque el portavoz ruso, Dmitri Peskov, afirmó en su momento que el cambio se debió para darle un enfoque más económico a la guerra o, si también se prefiere, un enfoque de guerra a la economía que, por demás, no ha sufrido un colapso con las sanciones impuestas por Occidente.
En cuanto a la respuesta del Kremlin, se hizo a lo Vladimir Putin, es decir, fue debidamente planeada y contundentemente ejecutada tal como lo anunció el mismo 07 de agosto al decir que era una provocación a gran escala y, por lo tanto, se vendría una respuesta digna. De ahí que, el lunes pasado en las horas de la mañana, Kiev y otras 14 zonas fueron sometidas a una descarga de drones y misiles cuyas imágenes quedaron captadas por algunas cadenas internacionales de información. Al igual que pudimos apreciar la manera en que millones de ucranianos se refugiaban en las diferentes estaciones del metro.