Hace tres meses, escribí una columna titulada “el techo de James” en la que hacía referencia a los altos y bajos de su carrera y a su momento futbolístico. James acababa de presentar disculpas a su técnico del Sao Paulo por haber hecho una más de sus acostumbradas pataletas y renunciar, confirmando que decidía quedarse para pelear por un puesto. Finalmente, ese entrenador se fue y llegó otro con el que James tampoco ha logrado ser titular y se desconoce si el talentoso jugador colombiano de nuevo querrá irse.
En aquella columna, decía que a James solo le quedaba la Selección Colombia para seguir demostrando su talento y callar bocas de sus críticos, cosa que sigue haciendo y tal parece seguirá haciendo ahora que disputa la Copa América con el objetivo de ganar el título.
Sin duda James es capaz de brillar todavía y si sus repetidas lesiones no se lo impiden, el tiene con qué marcar goles y hacer asistencias para volver a ser figura como lo fue desde hace diez años en la Selección mayor.
¿Pero entonces por qué dejó de ser un jugador de élite en los clubes, ya no está en Europa y en Brasil no logra hacer lo mismo? ¿es porque los entrenadores como dice el chavo “no le tienen paciencia”, o le tienen rabia y por eso no le guardan el puesto como él quiere y no lo ponen aún sin estar bien físicamente? ¿todos se pusieron de acuerdo entonces para evitar que en el club que le paga, James sea el capo que es con la camiseta amarilla de la selección?
Ningún técnico del mundo haría eso para clavarse el puñal. Los tres que han pasado por Sao Paulo en tiempos recientes, han pensado igual con respecto a James y eso ya no es una coincidencia.
¿Entonces cuál es la razón? Muy sencillo. Un Club es muy diferente a una Selección nacional. En el día a día, en la cantidad de partidos, en los rivales, los objetivos, los métodos de entrenamiento, los compañeros. Y aunque es cierto que el talento es igual en un lado o en otro y que un jugador debería rendir igual en su club y en su selección, eso no siempre se da.
El mismísimo Messi, recibió palo de sus propios coterráneos durante años, porque en Barcelona era lo que era y ganaba todo, mientras en su selección no solo no brillaba, sino que todo lo perdía, hasta que finalmente pudo ganar con Argentina la Copa América y el mundial, todo eso en el final de su carrera cuando hasta renunció en mas de una vez aburrido de la crítica y de la frustración que le significaba jugar con la selección de su país.