Se está viviendo un evento de gran magnitud en nuestra hermana Venezuela con el que, es necesario anotarlo, no estamos siendo lo suficientemente solidarios como tampoco con el dolor de los venezolanos. Han transcurrido veinticinco años en los que, en Colombia, con todo y reelecciones, ya han pasado cuatro presidentes que han sido o muy tibios con sus manifestaciones rechazo o realmente cómplices con la feroz dictadura implementada por Chávez y continuada con Maduro. No se podría esperar otra cosa diferente que el claro apoyo que Santos en su momento y Petro hoy en día le han dado al régimen criminal que mantiene sumido en la miseria a todo un pueblo que no merece, de ninguna manera, tan triste destino. Quienes habrían podido mantener una posición clara en contra de la dictadura, como Uribe y Duque, se mantuvieron discretos sin comprometerse a cumplir el pacto tácito entre los países liberados por Bolívar, con el que quedaron unidos por encima de las fronteras, no siendo otro que el de defender las libertades de sus ciudadanos.
El evento al que me quiero referir es el de los pasos de gigante que están dando los venezolanos encabezados por la valiente María Corina Machado previos a las próximas elecciones que cambiarán radicalmente el destino de su país. Tengo que anotar, con inmensa decepción, que no ha despertado en los colombianos el interés debido lo que es un pésimo síntoma de una ceguera que puede traer graves consecuencias en un futuro inmediato cuando la amenaza de que se nos imponga una dictadura está muy presente. Por suerte para Venezuela y para nosotros mismos, está jugándose su destino sin que la ausencia de los apoyos internacionales sean motivo de claudicación. María Corina tiene como lema “hasta el final”, no como el traidor Guaidó que, teniendo las herramientas institucionales y el apoyo de Donald Trump, salió con un chorro de babas.
Esta apreciación que les comparto es claramente emotiva y no lo suficientemente racional, cosa que puede ser motivo de crítica. Considero que así no esté en concordancia con la realidad implacable de estar enfrentando a un régimen totalitario, asesino, capaz de llegar a los crímenes más atroces con tal de mantenerse en el poder, las fuerzas de los sentimientos muestran otra cara, la de cada venezolano que ha encontrado en María Corina el espejo de lo que ella representa, las esperanzas que le fueron arrebatadas. Con tan solo ver una de las decenas de apariciones de María Corina en ciudades y pueblos es suficiente para comprender que algo nunca visto está teniendo lugar, algo que va más allá de la lógica política y que podría entrar dentro del campo de la espiritualidad.
María Corina ha sorteado todos los obstáculos que el régimen le ha puesto en su camino y ha logrado recorrer buena parte de su país. Donde sea que llegue es recibida por miles y miles de personas que parecieran brotar de la misma tierra. Lo hizo para las primarias y lo hace ahora, injustamente inhabilitada, apoyando a su candidato Edmundo González Urrutia. Con solo ver las imágenes de esas manifestaciones podríamos prever un levantamiento popular si Maduro y sus secuaces se roban las elecciones del 28 de julio.