En Bogotá se esconde una paradoja devastadora: mientras la ciudad es un referente de progreso, miles de sus habitantes luchan diariamente contra el hambre. Es lamentable que en la capital del país a pesar de su crecimiento económico, haya familias que no tengan un mínimo vital como lo son tres comidas al día.
El hambre en Bogotá no es simplemente una estadística, sino una realidad que golpea duramente la salud física y mental de las familias más vulnerables en las que sin duda alguna, los más afectados son nuestros niños. La más reciente encuesta de percepción realizada por la Veeduría Distrital, reveló que el 34% de los hogares sólo pueden garantizar entre una y dos comidas al día, imagínense ustedes cómo un niño puede ser el futuro cuando más de 4.000 de ellos sufren de desnutrición, lo que lamentablemente limitará su aprendizaje y llegará a la etapa adulta en evidente desventaja. Esta situación es particularmente crítica en localidades como Usme, Santa Fe, Bosa y Tunjuelito, donde la inseguridad alimentaria grave es más notoria.
En medio de la instalación de esta Bancada del Hambre liderada por mi colega David Saavedra, se evidenció una crisis silenciosa pero devastadora que azota a nuestra ciudad: la inseguridad alimentaria. En Bogotá, la situación es preocupante. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, 321 mil personas han sentido hambre y el 23,3% de la población tiene dificultades para acceder a tres comidas diarias. Esta es una realidad que no podemos ignorar.
Los contrastes son abrumadores: en los mismos barrios donde hay lujosos centros comerciales y exclusivos restaurantes, hay niños que se acuestan con el estómago vacío, y padres que sacrifican su propio alimento para que sus hijos no pasen hambre. Pero, lamentablemente el problema no es solo de acceso. Según la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos UAESP, en Bogotá se pierden 1’228.000 toneladas de alimentos al año, lo que representa el 12,58% del total de comida desperdiciada en el país.
Como si fuera poco, a nivel nacional, se pierden 9.7 millones de toneladas de alimentos anualmente, suficientes para alimentar a las familias no solo de Bogotá sino del país entero. Este contraste entre el desperdicio masivo de alimentos y la falta de acceso a una alimentación digna en algunos hogares bogotanos, es un reflejo de una profunda desigualdad y por supuesto una falta de coordinación en nuestras políticas de abastecimiento.
El Secretario de Integración Social, Roberto Angulo, ha señalado los esfuerzos que actualmente se llevan a cabo, como los 115 comedores comunitarios que atienden a más de 45,000 personas. La meta desde la bancada es lograr que se puedan crear 160 comedores más en diferentes zonas de la ciudad para mitigar sustancialmente esta problemática y no se repitan escenas dolorosas como las que se ven a las afueras del mismo Corabastos en donde llegan niños con sus padres para elegir en medio de los alimentos en descomposición, algo que les sirva para poder alimentarse.