Durante horas esperé al loco Hugo Gatti, para entrevistarlo.
Fue en el Hotel Intercontinental, en el preámbulo de la final de la copa Libertadores del 78 que Boca Juniors le ganó al Deportivo Cali de Carlos Bilardo, Scotta, Umaña, Benítez, “pecoso” Castro, Miguel Escobar y Henry Caicedo, entre muchas figuras, en el Pascual Guerrero.
Solo balbuceó palabras ininteligibles, como estrategia silenciosa de estrella Inabordable.
Sus jornadas previas al partido las disfrutó indiferente, tomando sol al lado de la piscina, cuidando su bronceado.
Hábilmente se desconectó del escándalo prefabricado por Juan Carlos Lorenzo, su entrenador, quien denunció públicamente que la comida del hotel estaba envenenada como ventaja antiética, de su rival caleño.
El Loco Gatti el excéntrico, el innovador, el precursor del juego con los pies, algo inusual en los guardametas de la época. El malabarista con el balón, dominador del área con su intuición y sus rápidos reflejos. "Una mano que anticipa, mejor que una gran volada".