Fichaje alucinante, que turba a los seguidores de Millonarios y agita el ambiente futbolístico colombiano.
Juego de voluntades que concuerdan para una relación empática, afectiva, sentimental, comercial, pasional y deportiva, entre un club histórico y una leyenda reconocida.
El sueño de un pibe que marchó niño y regresa adulto, a enfundarse la camiseta con la que ha tenido un romance duradero,en la última estación de su brillante trayectoria deportiva. A la edad en la que muchos saborean los placeres del retiro.
Mis brazos los abrazan. Es mi amigo, mi ídolo, mi goleador preferido al que no le quité el ojo mientras giraba por el mundo de la pelota, marcando goles magistrales, de todas las facturas, como dueño de triunfos y de títulos.
O cuando como emblema o capitán, comandaba la selección nacional, en torneos de todas las categorías.
El "último baile", la parada final de quien deja un legado duradero, de pequeño en River Plate y luego a su paso por el Porto, Atlético de Madrid, Mónaco, Chelsea y ahora en Millonarios.
Falcao la estrella amable con los pies sobre la tierra, inspirador con su comportamiento, líder por contagio, ejemplo para todos, que no vive en una burbuja como tantos de sus compañeros de oficio, dominados por la fama, prisioneros de sus egos.