En Colombia la justicia suele caminar despacio, pero cuando avanza deja huellas imborrables. La reciente decisión de la Corte Suprema de Justicia de ratificar la condena contra Jorge Visbal Martelo es una de esas señales que, aunque tardías, confirman lo que por años se denunció desde los territorios: que el paramilitarismo no fue un fenómeno espontáneo ni marginal, sino un proyecto político, económico y militar con conexiones en las más altas esferas del Estado. La ratificación de la condena a nueve años de prisión por concierto para delinquir agravado no solo desenmascara al expresidente de Fedegán como asesor ideológico de las AUC, sino que también pone bajo la lupa a quienes, desde el poder, le abrieron las puertas de la institucionalidad.
Visbal Martelo no fue un simple ganadero de provincia. Durante más de una década, al frente de Fedegán, representó los intereses de un gremio que, bajo su mando, se convirtió en soporte económico y político de los grupos paramilitares. Según la Corte, su rol fue mucho más allá del discurso gremial: actuó como articulador de estrategias con Carlos Castaño y otros jefes de las autodefensas, legitimando la expansión violenta de estos grupos en el Caribe y el Bajo Cauca. Su presencia en fincas cordobesas y su papel de consejero de los comandantes paras lo convirtieron en pieza clave del engranaje criminal.
Lo más grave, sin embargo, es que con semejante prontuario, Jorge Visbal Martelo transitó sin obstáculos por los más altos cargos públicos. En 2004 fue designado embajador en Canadá por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez. En 2007 llegó al Senado como ficha del proyecto uribista. Y en 2011 fue nombrado embajador en Perú por el gobierno de Juan Manuel Santos, cargo que ocupó hasta que la justicia lo alcanzó en 2012. ¿Cómo es posible que alguien con tan claros vínculos con los paramilitares haya representado al país en el exterior y legislado en su Congreso? La respuesta está en la connivencia y la omisión: los silencios cómplices de un sistema político que permitió que los asesores de Castaño se disfrazaran de diplomáticos.
Este caso no es aislado. Hace parte de la larga y oscura lista de la parapolítica, esa alianza maldita entre políticos, empresarios y paramilitares que corroyó las instituciones colombianas en las últimas décadas. Pero Visbal representa un eslabón especial: es la conexión directa entre el discurso gremial de los ganaderos, el proyecto paramilitar y los gobiernos que lo avalaron con nombramientos diplomáticos y curules en el Congreso. Es, en otras palabras, el rostro institucional de la parapolítica.