A pesar de las intenciones del Gobierno Nacional por frenar el malestar generalizado que sienten los colombianos con su sistema de salud, la cosa no mejora. Ahora el turno es para los pacientes con enfermedades huérfanas en Colombia, situación de por sí compleja y muy desesperante, agravada por la poca atención que ahora parece recibir. A pesar de los esfuerzos de las organizaciones civiles y los reclamos de los pacientes, el Ministerio de Salud sigue aferrándose a una indiferencia que raya en la negligencia. ¿Será que el sistema de salud colombiano no tiene espacio para los “pocos” que sufren de estas enfermedades? Pareciera que la administración de la salud pública prefiere centrarse en las enfermedades más rentables, mientras la vida de miles de colombianos desamparados queda relegada a un segundo plano.
Si algo destaca en esta crítica situación es la falta de recursos financieros y la burocracia que impide a los pacientes acceder a los tratamientos. Los pacientes de enfermedades huérfanas no son simples números en estadísticas, sino ciudadanos que exigen un derecho básico: la vida. Sin embargo, el Estado se sigue resistiendo a enfrentar la urgencia de estos casos, como si, por alguna extraña razón, los enfermos no merecieran la misma atención que otros.
Lo más sorprendente es que, mientras los pacientes luchan por ser escuchados, el Ministerio de Salud sigue jugando a ser invisible, apostando a que la presión social no será suficiente para cambiar la realidad de estos pacientes. ¿Acaso esperan que las marchas y plantones sean la única manera de que el gobierno ponga atención? Es un ejercicio absurdo el de insistir en que los enfermos de enfermedades huérfanas sigan esperando, como si sus vidas no importaran. Y mientras tanto, se sigue gastando dinero en otras áreas que, de manera irónica, parecen menos urgentes, pero más rentables paradójicamente para algunos sectores privados.
Ahora bien, en Colombia, las políticas públicas de salud parecen seguir la misma lógica que un mal chiste: cuando de atender a las enfermedades huérfanas se trata, la falta de recursos y voluntad política se hace patente. Es como si el gobierno apostara a que, al ser un número reducido de pacientes, simplemente no merecen la atención que deberían tener. Al fin y al cabo, la prioridad es otra, ¿verdad? Las grandes farmacéuticas no deberían ser más rentables que la atención que merece una vida humana, y eso se nota en las decisiones que se toman.
Y mientras el Ministerio de Salud se escuda en la falta de presupuesto, la pregunta persiste: ¿por qué los pacientes deben "pelear" por un derecho que debería ser garantizado por el Estado? La realidad es que, como bien lo muestran expertos en salud pública, la ausencia de inversión en enfermedades huérfanas no es solo un problema económico, sino una manifestación de la escasa empatía de una política pública más preocupada por el show mediático que por el bienestar de los ciudadanos. Los pacientes no necesitan solo palabrerías, necesitan soluciones.
Es casi una burla que las enfermedades menos conocidas, como las huérfanas, queden fuera de los sistemas de salud a pesar de que muchos de estos pacientes podrían llevar una vida digna si tuvieran acceso a tratamientos adecuados. En Colombia, donde las desigualdades son una constante, la falta de acceso a la salud básica para una porción de la población no hace más que evidenciar lo que realmente importa a las instituciones: no la vida de las personas, sino el poder de los sectores que mueven los intereses de turno.