La fe mueve montañas.
Lucho Díaz desbocado, el del Liverpool, con un golazo “Maradoniano” de videoteca, para silenciar el “Monumental”.
Fueron los chicos de la Selección que creyeron en sí mismos, cambiaron la actitud, jugaron de igual a igual con el campeón mundial Argentina, en su peor versión. Pudieron ganar.
No lo hicieron. Dilapidaron la oportunidad, por sus errores no corregidos. Otro fallo en la concentración, otro gol originado en un saque de banda, con defensa densa en el área, inefectiva y pasiva, en el remate del partido, como ha ocurrido tantas veces.
En serio. Fue un golazo. Aplastante, casi desbocado en su cabalgata, "Lucho" Díaz corrió, sembró el pánico en la defensa Argentina, bailó y sacudió la red, para entrar en la leyenda con su maniobra deslumbrante, de colección.
El punto conseguido, que abre las puertas del mundial, silenció los ruidos destructivos que se produjeron en el interior del camerino, con tramas profusamente comentadas, negadas o no comprobadas.
Colombia le dio salud a su futbol, pero a su técnico le temblaron las piernas y, como la mayoría de las veces, se le "trabaron los cables" en las sustituciones.
Fue la selección un cúmulo de individualidades comprometidas, dispuestas a correr y pelear, con deficiencias, en ocasiones, al jugar.