Cierto día, los dueños del fútbol colombiano, que son quienes manejan los equipos y deciden sobre el campeonato, en una de tantas asambleas que mas que eso son reuniones entre amigos y enemigos, pensaron que ya era hora de cambiar el sistema de la competición de siempre y entonces nació el doble torneo que opera actualmente y que consagra dos campeones en el año en lugar de uno como ocurría desde que este deporte se hizo profesional en Colombia.
De eso hace ya 22 años y el argumento principal de la decisión fue generarle más interés y si se quiere, más emoción a los partidos para que la gente no se alejara de los estadios. Un campeonato desde febrero hasta diciembre ciertamente carecía de interés la mayor parte del tiempo y solo se calentaba cuando se acercaban las finales.
Las mentes brillantes de la elaboración de los sistemas le adicionaron cosas tan extravagantes como los puntos de bonificación en decimales para los mejores, hexagonales, octogonales, cuadrangulares, puntos invisibles, todo con tal de darle la emoción perdida en los torneos largos.
Y así, nos acostumbramos a tener campeones express en menos de 3 meses porque los torneos no duran un semestre como muchos creen.
La verdadera razón a semejante cambio se dijo entre líneas años después, cuando se reveló, que fueron los denominados equipos chicos los que presionaron para que a ellos no se les discriminara de la gran torta de los ingresos, sabiendo que en pocos partidos jugados se quedaban siempre sin ninguna posibilidad de pelear por los títulos y debían pagar contratos de 1 año cuando ya sus hinchas dejaban de asistir a sus estadios y no había publicidad por lo mismo para ellos.
Se entendió como una medida de salvación porque al paso que iban, se iban a quedar jugando solo los denominados grandes y los otros estaban llamados a desaparecer. Alguien lanzó una frase contundente en medio de las discusiones: “ustedes no tienen nada que perder porque al fin y al cabo siempre van a terminar ganando con cualquier sistema que pongamos”.
Sin embargo, aquello no fue del todo cierto, porque algunos que nunca habían ganado como Chicó, Pasto, Cúcuta, Tolima y Pereira, gracias a eso pudieron ser campeones y otros como Equidad, Huila y Cartagena llegaron hasta la mismísima final a disputar la estrella.
También algunos que llevaban décadas sin conseguirlo por fin volvieron a celebrar, como el Once Caldas, Millonarios, Medellín y Santafé.
Esa doble programación sirvió también para que Nacional se convirtiera en el más campeón del fútbol colombiano y ganando 10 veces esos torneos cortos llegó a las 17 estrellas.
Todos esos acontecimientos pudieron darle la razón a quienes en su momento dividieron en dos el año futbolístico en Colombia.
No obstante, hay serias dudas sobre si está bien que prive la emotividad, el deseo de igualdad para que todos puedan, sobre la justicia que debería tener toda competencia deportiva.
Siempre debería ganar el mejor y eso no siempre pasa. No puede ser justo que un equipo que juega mejor que todos durante 20 fechas sea superado por otro que solo jugó bien 6, las de los cuadrangulares.