Juan Diego nació con una enfermedad rara y huérfana. Rara, porque es muy reducido el número de casos en el mundo, y huérfana, porque la industria farmacéutica no la encuentra rentable y, por ende, no hay tratamiento.
Mi hermano menor decidió que se llamará así su hijo, en homenaje a mi hermano Juan y a mí. Un gesto de cariño que nos enlazaba mucho más y ponía en evidencia la hermandad de sangre que nunca puedes obviar. A los pocos días de nacido, JuanDi presentaba un pequeño brote en su piel, que clínicamente no había podido ser manejado. Solo bajo la insistencia de una profunda atención a su situación lograron el dictamen médico: el bebé padecía de Epidermólisis Bullosa (EB), o comúnmente conocida como “piel de mariposa”.
Día tras día sus ampollas y heridas eran estremecedoras. Algunas llagas en su boca y piernas solo podían ser tratadas con el amor de sus padres, quienes, con vendajes especiales, curaban sus heridas al menos dos veces al día, para que el apósito se retirara con tal cuidado que no desgarrara la piel. Esta enfermedad es especialmente cruel, porque no puedes rozar tus manos ni labios con el cuerpo de tu hijo, ya que corres el serio riesgo de lastimarlo. Debes alzarlo con cuidado extremo, bañarlo sin casi acariciarlo, y mantenerte a su lado para que las cobijas, su ropa, la cama o cualquier movimiento brusco no le genere laceraciones en la piel.
Solo imaginar un hijo con el que no podrás interactuar en lo básico, como un abrazo de oso o un beso apabullador, deja una sensación de frustración que solo mi hermano y su esposa lograron comprender.
Entender qué significa vivir sin ver, quizás sea posible cerrando los ojos, o vivir sin oír se pueda comprender cuando te tapas los oídos. A muchos la pandemia nos dio el valor de comprender lo que se siente no oler ni tampoco sentir el gusto, pero lo que más se asemeja al único sentido nunca antes vivido en función del tacto, fue lo que padeció JuanDi.
La enfermedad de piel de mariposa se afirma es de carácter genético, y su pronóstico depende, como todo en la vida, del tipo de gravedad. Podría ser simple e intentar tener una vida, pero si es grave las esperanzas son aterradoras. No podrás correr, interactuar es riesgoso, las constantes llagas podrían no cicatrizar a tiempo, las posibilidades de cáncer aumentan, sus dedos de manos y pies se empiezan a pegar entre sí, lo que se conoce como sindactilia, se pierden las uñas y se deforman aquellas partes del cuerpo donde las heridas son constantes. De manera desalentadora, JuanDi padecía EB de manera grave.
Dicen que se llama de mariposa porque asemeja la fragilidad de sus alas, ya que al estar compuestas de diminutas escamas pueden, al contacto, deshacerse, afectando el vuelo normal. Y sí, dolorosamente es lo que pasa en estas personas, que al roce mínimo, sus capas en la piel tienden a romperse por presión o movimiento, y hasta el simple hecho de rascarse los puede lastimar.
JuanDi, a la vista, era de mirada profunda, con ojos de tenacidad pura, un poco agotado en ciertos momentos, dichoso de escuchar a su hermanita y orgulloso de sus padres, que lo dieron todo en cuerpo y alma. Fue amado por abuelos y familia, y centró la atención del mundo durante sus meses de existencia.