Muchas democracias del mundo han venido retrocediendo. Tendrá que ver con el hecho de que la democracia no la hemos luchado, sino que la heredamos.
La entrada de las redes sociales ha alentado el populismo. Antes, esos discursos histriónicos basados en la buena voluntad y no en la experiencia ni en los resultados, eran filtrados y no había poco espacio para prosperar. Hoy, en cambio, a través de las redes sociales, las excentricidad se vuelve viral, y la ciudadanía aún no distingue entre las exageraciones que señalan los problemas de la sociedad y las dificultades reales de resolverlas.
Lo cierto es que hoy hay más población mundial viviendo en autocracias que la que había hace 50 años. No es menor, lo decía Churchill, la democracia es el peor sistema de gobierno, excepción hecha de todos los demás. Esta tremenda frase reconoce todas las falencias de la democracia, pero entiende que es un sistema superior a todos los demás. Las tiranías tienen capacidad de tomar decisiones y resolver de manera oportuna, sin embargo, el costo termina siendo siempre muy alto.
El dictador benevolente, que algunos añoran en Latinoamérica, se ha dado sobre todo en la imaginación. Todos los autócratas tienen una lista de terribles violaciones de derechos humanos y destrucción de libertades públicas. Aún aquellos resultados económicos son plausibles y cuyos daños parecen menores se vuelven, luego, causa de profundas fracturas sociales.
Los autócratas pueden hoy llegar fácilmente, con ayuda del populismo, a ser elegidos democráticamente. Y una vez ahí pueden quedarse. Los hay como Chávez, carismáticos y entrenadores, y su poder de conexión con la ciudadanía es tan grande que aún destruyéndolo todo pueden ganar elecciones. En medio de Aló Presidente, fue logrando tomar todos los demás poderes públicos, tensando las instituciones. Y luego dejó su sucesor. Un dictador más ramplón y sin gracia y, sin embargo, imposible de derrotar, aun cuando se le ganen las elecciones.