Imagine por un momento que recibe el siguiente mensaje en su celular “Su factura de Claro/Tigo/Movistar vence hoy. Pague en este enlace para evitar suspensión del servicio”. O uno que diga “MOV1STAR: ya generamos tu Fact. De May 310 etc por valor de $50.000 Paga hoy aquí LINK y obtén un 50% en este mes aplica TyC”. La cifra coincide, el tono es idéntico al de las notificaciones oficiales y la urgencia parece real. Usted, confiado, hace clic, ingresa sus datos y paga. Al instante, el dinero desaparece, pero su factura sigue pendiente. ¿El resultado? Ha sido víctima de un fraude milimétricamente planeado.
Este escenario no es hipotético. Hoy, miles de colombianos son engañados con una modalidad criminal que mezcla filtración de datos personales, ingeniería social y plataformas digitales de pago falsas. Lo que alarma no es solo la astucia de los delincuentes, sino el acceso que parecen tener a información exacta de los usuarios: nombres, números de documento, valores de las facturas e incluso fechas de vencimiento. ¿De dónde sale todo esto?
Los datos están en juego
Hay varias respuestas posibles, y todas inquietantes. Por un lado, el mercado negro de información personal es un negocio creciente. En la llamada dark web se venden bases de datos completas de clientes, robadas a empresas, entidades financieras o incluso a los propios operadores móviles.
Pero la sospecha más incómoda apunta hacia adentro: empleados corruptos o negligentes que filtran datos sensibles. No es un secreto que muchos usuarios han denunciado cómo, apenas contratan un servicio, comienzan a recibir llamadas de terceros ofreciéndoles supuestas promociones. ¿Casualidad? No lo parece. Si alguien conoce cuánto debe usted en su factura de celular, difícilmente se trata de un extraño cualquiera.
El problema de fondo es que los operadores guardan montañas de información obligados por la ley: registros de llamadas, consumos de datos, direcciones, números de cédula. Y como en cualquier mina, siempre habrá quien quiera robar oro.
El manual del fraude
El engaño opera bajo varias modalidades:
- Smishing (fraude por SMS): mensajes de texto con enlaces falsos que imitan las páginas de los operadores.
- Vishing (fraude por llamada): delincuentes que, con guiones estudiados e incluso voces clonadas con inteligencia artificial, convencen a la víctima de entregar información bancaria.
- SIM swapping: suplantación de la tarjeta SIM para interceptar mensajes y códigos de verificación.
- Portales falsos de pago: páginas web que copian los logos y colores oficiales, pero redirigen el dinero a cuentas fantasma.
El éxito de estas trampas radica en que los criminales no lanzan anzuelos al azar sino que apuntan directo al corazón de la confianza del usuario. Cuando el valor de la factura que le muestran es exactamente el mismo que usted tiene pendiente, ¿quién podría dudar?
Las cifras de la vergüenza
Colombia vive una ola de fraudes telefónicos sin precedentes. En 2024 se registraron más de 13.600 denuncias por este tipo de delitos, con pérdidas que superaron los 148.000 millones de pesos, según cifras de la Fiscalía y la Comisión de Regulación de Comunicaciones. Y eso es solo la punta del iceberg porque la mayoría de las víctimas nunca denuncia.
Un estudio de TransUnion en 2024 reveló que tres de cada diez intentos de fraude digital en el país se hacen por llamadas telefónicas, y que los ataques por SMS han crecido más del 40 % en el último año. El 27 % de los colombianos reconoce haber recibido llamadas de suplantación en los últimos seis meses.