El Presidente Uribe ha sido llamado a juicio. La noticia no debería sorprendernos pues es un plan que se viene elaborando de manera disciplinada desde hace muchísimos años. A quienes no les gusta Uribe -que están en todo su derecho de tener otras causas políticas- se inclinaron por creer de él lo peor. Empezó como una exageración de sectores de izquierda radical -ofendidos por su contundencia contra la llamada insurgencia- pero se fue derramando hacia sectores con enemistades e incluso contra contradictores. La izquierda radical invirtió no solo tiempo, sino mucho dinero -que es palpable en libros, conferencias, videos, y hasta series premiadas y luego obligadas a retractarse-. Construyeron el delito y construyeron la narrativa y lo único que les falta es la condena.
Las ejecutorias del Presidente Uribe son tan deslumbrantes que a las nuevas generaciones les cuesta, incluso, creerlas. La Colombia de hoy solo existe gracias a sus logros. Pero sus ejecutorias en materia de seguridad fueron reducidas a los falsos positivos. Por supuesto, es un hecho inadmisible que no tiene justificación y que nos repugna y duele a todos por igual. Aquello requería una sanción ejemplar y así se entendió entonces. El presidente Uribe dio de baja muchos oficiales, se iniciaron los procesos en justicia ordinaria y se sancionaron judicialmente muchos participantes durante el propio gobierno.
Pero vino luego la leyenda negra construida por los radicales. Que Uribe era responsable por omisión; que Uribe era responsable porque era una política de Estado, que Uribe al pedir resultados a las Fuerzas era responsable de los excesos.
Es un argumento redondo pero ridículo. Si es responsable por los falsos positivos , también es responsable por las vidas salvadas y si no hubiera pedido resultados, sería responsable por lo que la inacción del Estado hubiera dejado matar. No hay ningún presidente en la historia de Colombia que haya logrado una reducción tan drástica del homicidio en Colombia, esas vidas se salvaron. Y en ningún caso justifican los falsos positivos, pero atribuirlas al presidente es un exceso. Decir que fue una política pública es ridículo. Es una caricatura del fanatismo político. La política de seguridad democrática logró una reducción del 46% del homicidio, del 96% del secuestro, 90% en masacres, 46% el desplazamiento,del 71% del terrorismo. Eso es lo único certero.