La Selección Colombia acaba de configurar otras dos buenas actuaciones frente a dos seleccionados europeos, uno con una estrella en su escudo desde el 2010 y el otro inflado por su invicto de 12 partidos y una clasificación a la Eurocopa como no ocurría desde 1998.
A los dos se les ganó jugando bien y como no se veía hace mucho, dejando la sensación que lo hizo superándolos con carácter, dominio y formas de un equipo ya armado.
Lo más difícil que existe en el fútbol es consolidar un equipo y mucho más a una selección por el poco tiempo que hay para tener los jugadores, entrenarlos, acostumbrarlos a una idea y poder repetirla una y otra vez hasta que se vuelva rutina.
Los entrenadores siempre están en una cuerda floja tratando de lograrlo y son más las veces que no lo consiguen, porque cuando creen tenerlo, aparecen los imponderables como las infaltables lesiones y sustituir es casi como volver a empezar.
Néstor Lorenzo fue asistente de Pékerman durante 7 años, tiempo suficiente para conocer al futbolista colombiano con sus virtudes y defectos, con lo que decide bien y no tan bien, con sus constantes altos y bajos y a él decidió encomendársele la difícil tarea de levantar un equipo que venía de una dolorosa eliminación de un mundial.
No era nada sencillo, ni por lo anterior, ni tampoco por su falta de experiencia como entrenador principal de una selección y con el poco tiempo que tenía dirigiendo un equipo sin ningún brillo ni nacional ni internacional.
Pero tenía la ventaja de un camino ya recorrido en el banco de esta misma selección, que los jugadores le reconocían, que sabían cómo pensaba, cómo hablaba, cómo actuaba, qué decisiones tomaba, no obstante, a que la responsabilidad y los éxitos recaían durante todo ese tiempo sobre Pékerman.
Y fue poco a poco tomando sus propias decisiones, polémicas, difíciles, como la de ir cambiando piezas de una generación exitosa, no volver a llamar a Falcao o a Cuadrado cuando no estaban lesionados o jugársela con James cuando se creía por lo poco que lucía en sus equipos, que iba a correr igual suerte que los dos primeros.
Y darle puesto a otros que ya habían estado y no jugaban o jugaban poco como el arquero Vargas, o Borré, o Muñoz, o Cuesta o Lucumí.
Y en el camino las lesiones le fueron ayudando a cerrar puertas a otros infaltables y casi incuestionables para todos los entrenadores que le precedieron y para él mismo, como Mateus Uribe que difícilmente regresará después de lo mostrado por Richard Ríos que por fin tuvo su oportunidad para hacer en la Selección lo que se le veía en el Palmeiras de Brasil.