A Valerín Loboa le bastaron unos segundos para escribir su nombre en una de las páginas más importantes del fútbol femenino colombiano. Cuando Colombia parecía condenada a jugar el tiempo extra frente a Nigeria, apareció la delantera para marcar, en el cierre del partido, el gol que puso a la Tricolor entre las cuatro mejores del Mundial Femenino Sub-20 de Polonia 2026.
El reloj marcaba el minuto 90+1 cuando Loboa recibió una habilitación de Juana Ortegón, ganó la disputa ante las defensoras nigerianas y se metió en el área. Su primer intento terminó en la arquera rival, pero la pelota quedó viva y la atacante no perdonó en el rebote. Con un segundo movimiento, empujó el balón al fondo de la red y desató la celebración colombiana.
No fue un gol cualquiera. Fue el tanto del 1-0 sobre Nigeria y el que le permitió a Colombia volver a una semifinal mundialista de la categoría después de 16 años. La última vez había sido en Alemania 2010, precisamente un torneo en el que Nigeria terminó con el sueño colombiano.
Pero para entender por qué aquella pelota terminó en los pies de Loboa hay que mirar un poco más atrás.
Una carrera que comenzó muy temprano
Valerín Loboa nació en Cali el 3 de julio de 2007 y comenzó a construir su carrera en el Deportivo Cali. Su aparición en el fútbol profesional fue particularmente temprana: debutó con el equipo vallecaucano en 2022, cuando apenas tenía 14 años.
Desde entonces, su perfil comenzó a llamar la atención. Es una futbolista de gran talla —alrededor de 1,75 metros— que puede desempeñarse como mediocampista ofensiva o extremo y que combina velocidad, potencia y capacidad para enfrentar a las defensoras en el uno contra uno.
Con el Deportivo Cali también conoció temprano la alegría de ser campeona. Hizo parte del plantel que consiguió la Liga Femenina en 2024, después de haber atravesado uno de los momentos más complicados de su todavía corta carrera.
El golpe que frenó su ascenso
A comienzos de 2024, Loboa sufrió una lesión del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda durante un clásico frente al América de Cali. La lesión la obligó a detener el proceso que venía construyendo y la mantuvo alejada de las canchas durante varios meses.
Su regreso, sin embargo, fue el comienzo de una nueva etapa.
La atacante volvió a tener protagonismo con el Deportivo Cali y sus actuaciones terminaron llamando la atención de la Selección Colombia. Así llegó su convocatoria para la Copa América Femenina de 2025, torneo en el que, con apenas 18 años, fue la jugadora más joven del plantel.