Un dato bien curioso y que suele pasar desapercibido en el conflicto de Ucrania, es la importancia de la ayuda de Polonia a su vecina agredida por la invasión de Rusia. El gobierno de Varsovia, junto a los de Alemania y Francia, es el más ampliamente implicado de Europa en apoyar a los ucranianos. Los polacos se han comprometido a adquirir más armas para Ucrania en el mercado mundial y a colaborar en la producción de equipo militar para las fuerzas ucranianas como no lo hacen, pongamos por caso, los países mediterráneos. La razón es bien sencilla: los polacos saben muy bien lo que es vivir aplastados por la bota de Moscú.
Detenerse a reflexionar sobre esto resulta pertinente cuando al sur de Europa un terremoto político-militar sacude la región africana del Sahel con el que ahora se frota las manos Vladimir Putin, y al que puede no ser del todo ajeno. Se trata de una región de África, que se extiende a lo largo de más de 5.000 kilómetros desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo. Una zona de transición entre el árido desierto del Sahara y las sabanas y bosques más verdes del territorio, y que alberga a once países, de Senegal a Eritrea. Es el centro de rutas comerciales entre la costa africana y el mundo árabe y musulmán, que en los últimos años ha sido escenario de una serie de golpes de Estado cuyas consecuencias, tarde o temprano, terminarán por aflorar en frontera sur de la Unión Europea.
El gobierno de Moscú, con sus acuerdos con varias de esas juntas golpistas y algunos señores de la guerra en el Magreb —la región más al norte del continente africano— ha puesto sus botas en el terreno de lo que se considera la frontera sur del Viejo Continente. En las mismas barbas de la Unión Europea el yihadismo está fuera de control desde hace una década y se ha hecho fuerte en Malí, Níger y Burkina Faso, coexistiendo y beneficiándose de todo tipo de negocios oscuros, desde armas hasta drogas pasando por tráfico de seres humanos. Y ese territorio de Estados precarios y límites porosos ha caído ahora en brazos de Vladimir Putin.
El próximo 18 de mayo, cuando concluye el actual mandato de la misión llamada EUTM-Malí, Europa se retira militarmente del Sahel y deja el campo libre a Rusia. Los Veintisiete no pudieron ponerse de acuerdo para prorrogar más allá de esa fecha la presencia europea en esa conflictiva zona, y las tropas francesas darán por terminada una operación que se había puesto en marcha en 2013 y que en los últimos tiempos se había reducido a la mínima expresión.