Por estos días, mientras se desarrolla en Cali, Colombia la COP16, uno de los temas que más expectativa ha generado a nivel global, junto con la preservación de la biodiversidad, es la búsqueda de soluciones a uno de los principales problemas sociales y ambientales de nuestro tiempo como lo es la pérdida y el desperdicio de alimentos. Este problema no solo tiene efectos ambientales, sino que plantea una contradicción moral y ética, ya que enfrentamos la inseguridad alimentaria y el hambre, mientras la forma en que producimos y consumimos alimentos ha contribuido al 70% de la pérdida de biodiversidad y el 75% de la deforestación a nivel mundial.
Esta disyuntiva nos obliga a plantear de manera urgente políticas públicas que permitan avanzar en la lucha por encontrar nuevas fórmulas para la producción industrializada, garantizando que toda la cadena cubra la demanda y done los excedentes a los bancos de alimentos. Esto no solo ayudaría a mitigar el hambre de millones de personas, sino que también reforzaría la sostenibilidad al reducir los desperdicios que terminan en los vertederos, los cuales generan aproximadamente entre el 8% y 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta anualmente.
Entonces al desafío al que nos enfrentamos es el de lograr ambas metas y enfocarnos en alcanzar un equilibrio entre los sistemas alimentarios y la preservación del ambiente.
Es aquí donde quiero destacar la importancia de dar prioridad en la agenda ambiental al desarrollo de políticas que permitan implementar avances tecnológicos y nueva legislación para optimizar recursos y promover la sostenibilidad. Uno de esos avances es la inteligencia artificial (IA), que aplicada a la cadena de suministros de alimentos, nos va a permitir prever la demanda con mayor exactitud, evitando la sobreproducción, un problema recurrente que lleva a que toneladas de alimentos se conviertan en desechos. Además, el manejo de datos y la optimización de la logística ayudará a reducir los riesgos de que los productos caduquen antes de ser utilizados. La industria nacional ha avanzado en este campo, al igual que los bancos de alimentos, que hoy son una de las grandes herramientas en la lucha contra el hambre y la contaminación causada por el desperdicio de alimentos